jueves, diciembre 01, 2016

NaNoWriMo me sale, pero me cuesta

Yo soy un poco del género tonto.

Termino la carrera, me independizo y me creo un ritmo de vida más bien estable, sin demasiados contratiempos. Acabo con un horario bastante decente, que podríamos clasificar como "de media jornada", donde hago algunas cosillas para ganarme el sustento por las tardes y tengo unas mañanas estupendas para ser una persona de provecho.

Y fíjate que, aun así, todavía he tenido problemas para completar el reto de NaNoWriMo a un ritmo normal de persona responsable.

El reto empezó muy bien, mejor que las dos ediciones anteriores, con unos días iniciales de cumplir los objetivos diarios e incluso superarlos. Sin embargo, rápidamente me encontré con una serie de días en los que dejaba la escritura para la noche y, cuando en teoría iba a ponerme a escribir, algún pretexto ajeno me requería y se cargaba mi planificación.

Tuve un fin de semana muy productivo entre el día 19 y el 20 gracias a la Noche de Escritura Peligrosa, un evento que organizó en Zaragoza el ML de allí (que también capitanea la asociación Atrapavientos) y que permitió pasar una velada en compañía de gente estupenda y escribir. Escribí una barbaridad ese fin de semana, algo así como unas 9000 palabras. Seguía sin ser suficiente para llegar a la meta diaria deseada, pero mi retraso se reducía mucho y me ponía las cosas fáciles.

Quisiera destacar que la experiencia de Zaragoza fue muy interesante por varios motivos. En primer lugar, me gusta mucho viajar solo porque me da libertad absoluta para montarme la vida allá donde voy: puedo detenerme en cualquier sitio el tiempo que quiera y dejarme llevar por los impulsos de visitar un sitio u otro, con tal o cual medio de transporte... comer por ahí leyendo un libro... Luego me junto con la gente y soy muy feliz y muy sociable, pero valoro muchísimo tener ratos aislados para poder esparcirme a mi aire. Zaragoza me ofreció esa libertad con un plus: el clima. Un frío seco muy agradable, de los de salir a la calle con chaqueta sin empezar a sudar a los cinco minutos de andar por la acera. Algo me dice que en un futuro tendré que mudarme a una ciudad como esa (lo mismo pensé de Bilbao el año que hice un trabajo de economía urbana sobre ella).

Además, en el evento de Zaragoza conocí a un montón de gente interesante. El ambiente de NaNoWriMo en esa ciudad es maravilloso y me dejó muy buen sabor de boca. Además, no fui el único que acudió desde fuera de la ciudad. Congenié con un par de visitantes barceloneses que se sentaron junto a mí durante el evento y con una chica estadounidense, con la que compartía mesa, que estaba escribiendo su autobiografía y me regaló un CD de música compuesta por ella (es cantautora y toca el piano, podéis encontrar su música aquí). También en el evento hablé con #LittleRedRead, una booktuber a la que sigo en Youtube y que resultó ser una chica muy afable, igual que en sus vídeos. Hubo muy buen ambiente con todo el mundo e hicimos varias actividades (¡grabamos incluso uno de esos Mannequin Challenge!) que enriquecieron bastante la velada; diría que, en general todo el mundo se lo pasó muy bien. Yo además disfruté mucho gracias a Laura, una chica que se sentó delante de mí durante el reto y que me pegaba unas palizas interesantes en cada guerra de palabras que hicimos (competiciones para ver quién consigue escribir más palabras en un intervalo fijo de tiempo).

Por desgracia, al volver de Zaragoza, las cosas no fueron exactamente como yo quería. Los primeros días después del finde logré mantener un ritmo extraordinario, escribiendo en torno a 3000 palabras diarias, pero luego se me echó encima la entrega del resumen para la preinscripción del doctorado y el Salón del Manga de Valencia acompañando a mi queridísima Begoña... y el ritmo se fue lejos, muy lejos.

Volvió a 3 días de terminar el reto, con 20000 palabras colgando. Y las escribí.

Fueron tres jornadas muy demoledoras. El primer día escribí unas 7000, al siguiente unas 4000 y el último, ayer, hice un sprint final de 9000 palabras. Acabé tan rendido que no llegué a cenar, porque me caí en el sofá y me he despertado ahora, a las seis de la mañana. Ni cené ni he desayunado ni nada por el estilo, estoy totalmente desubicado ahora. Pero bueno, estoy satisfecho porque he conseguido el objetivo. Ahora es cuando viene la parte más difícil: conseguir editar el manuscrito.

La última vez conseguí trabajar bastante en el libro después del reto de NaNoWriMo, aunque mucho menos de lo que me hubiera gustado. Esta vez tengo un borrador mucho más largo (gracias a la ampliación de 50000 palabras de esta edición), con menos huecos para rellenar y más facilidades para hilar la trama tal y como la tenía ideada. Algo que sigue siendo difícil porque aún cargo con muchos interrogantes e indecisiones sobre algunos momentos de la historia, pero no me preocupo porque ahora es el verdadero momento de ponerse manos a la obra y convertirlos en lo que quiero.

Deseo que diciembre funcione muy bien a muchos niveles. Os iré contando sobre la marcha.

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo a todos.

martes, noviembre 01, 2016

Cuánto quería leer en octubre... y eso que no he parado (de leer)...

Pero es que a veces las cosas ocurren de formas poco convenidas con nuestro yo interior organizador, ese que escribe con mucho optimismo esas maravillosas listas de quehaceres y objetivos semanales o mensuales o diarios... en fin, todas esas patrañas.

Yo vengo a sincerarme: tenía una barbaridad de libros para leer en octubre. Una amiga me informó de la existencia de un reto lector para el mes que cerramos hoy, #LeoAutorasOct. Me pareció una idea muy interesante porque considero que acciones como ésta, si bien no dejan de ser un gesto, son las mejores opciones para acercar una postura feminista a la gente menos propensa a reconocer un cambio necesario en su forma de concebir la sociedad moderna. Para mi sorpresa, cuando revisé mi estante de lecturas pendientes, vi que el trabajo ya estaba hecho para preparar el reto: no sólo estaba leyendo la trilogía de Memorias de Idhún, de Laura Gallego García, sino que además tenía en la recámara varias obras escritas por autoras, como un par de sagas de la Dragonlance co-escritas por Margaret Weis (y "Ancillary Justice" de Ann Leckie en mi Kindle).

Prácticamente me había sumado al reto de rebote. Para motivarme un poco más a leer, durante el mes de septiembre adquirí un par de títulos más: "Love" de Toni Morrison (la última persona estadounidense premiada con el Nobel de Literatura hasta el recién galardonado Bob Dylan) y la novela gráfica "Aquí vivió: historia de un desahucio", que no está guionizada por una mujer pero sí dibujada (por Cristina Bueno; pensé que ambos eran coautores cuando la compré y no me enteré hasta después).

Y claro, con todo ese material, tocaba ponerse las pilas y leer. Leí mucho en los viajes de cercanías a dar clases particulares, leí después de los desayunos, leí después de comer en casa de mis padres en las visitas semanales, ¡leí por las noches por primera vez en mucho tiempo! Y me leí... la novela gráfica y dos medios libros de Memorias de Idhún.

Ea. Hasta aquí puedo leer. (Adridulce ironía).

...Digamos que, por mi parte, habría estado encantado leyendo mucho más. Pero, aunque podría escudarme en la extensión de la saga de Idhún (el tercer libro tiene 942 páginas, y el segundo ronda las 670), no lo voy a hacer. El verdadero motivo de haber avanzado tan poco leyendo esta trilogía es que no me está gustando nada. Pero nada. Me leí hace años los dos primeros libros, regalo de mi tía, y el tercero nunca llegó a mis manos. Tampoco me lo leía prestado de un amigo porque "tengo ya los dos primeros, me leeré el tercero cuando me lo compre". Efectivamente, el año pasado —o a principios del presente— me compré "Panteón" en una liquidación al 50% de una librería especializada del centro de Valencia. Me dije a mí mismo que, puesto que no había gastado mucho dinero en adquirirlos, siempre me quedaba la opción de venderlos por Wallapop después de leerlos por si no me gustaban.

Debo decir que los libros primero y segundo me decepcionaron ampliamente. Guardaba buenos recuerdos del primero porque, mi memoria dixit, incorporaba una interesante mezcla de mundos fantásticos con un escenario urbano contemporáneo del mundo real, mezclando con elegancia en un mismo libro un escondite interplanar de noche eterna equipado con ordenadores y hechizos de magia lanzados en mitad de un concierto en un estadio. Leído este libro con 25 años, el estilo me resulta excesivamente aniñado y todas las cosas que otrora encontraba originales ahora me parecen un "quiero y no puedo": el germen de la idea sigue estando ahí, pero la indeterminación es a menudo demasiado grande como para creérmela.

Siempre leo por todas partes que lo que hace bueno a un mundo fantástico es la libertad que el autor tiene para crearlo todo a su gusto y definir todos los pequeños detalles que dotan al universo de coherencia y cohesión; en Memorias de Idhún no existe ese mimo, que sólo he apreciado (y ojo, lo remarco: muy notablemente) en las descripciones del bosque de Awa presentes en Tríada. Por lo demás, la saga se me ha antojado muy prescindible en su conjunto: personajes totalmente maniqueos o totalmente indefinidos en su eterno baile de bandos sin justificarlo siempre de forma convincente, exceso de dobles identidades entre personajes no siempre bien llevadas, incongruencias y excesivos deus ex que rompen la solidez de la historia (las leyendas apenas tienen un siglo de antigüedad en algunos casos, lo cual supongo que justifica que en Limbhad haya una armería REPLETA de armas legendarias que nadie sabe cómo llegaron allí... quiero decir, los personajes no tienen ni que conseguir las armas poderosas, ya estaban allí puestas porque yes), diálogos calcados, muy calcados, que se repiten tanto entre libros como entre capítulos... A día de hoy estoy hasta las narices de leer cómo JackYandrak y ChristianKirtash se echan las mismas puyitas de "te voy a matar, maldito shek"/"No podrás conmigo, dragón", dirá ChristianKirtash con una media sonrisa/"¡Basta, chicos, dejad de pelear!"/"Te perdonaré la vida porque no quiero herir a Victoria, pero si le haces daño alguna vez, date por muerto"... Y el daño a la chica se lo va a hacer igual, se lo hace tropocientas veces entre dos libros (sólo los dos que me he terminado por ahora), pero aun así la conversación sigue siendo igual de besuga.

Doy fe, eso sí, de que la historia remonta un poco en el tercer libro. El hilo conductor del volumen final (SPOILER: la irrupción de los Seis dioses en Idhún, con su presencia etérea devastadora) es con diferencia el mejor elemento argumental de toda la historia y también el motivo por el cual aún me esfuerzo por concluir "Panteón" en vez de malvenderlos sin acabar a través de la app antes citada.

Total, que octubre se ha ido en leerme unas 800 páginas de unos libros que, a priori, no me están gustando casi nada. He pensado que lo mínimo que puedo hacer es continuar con el reto en meses venideros, alargándolo a #LeoAutorasNov y #LeoAutorasDic, por ejemplo. No en vano tengo también obras pendientes que no quiero dejar pasar en mi vida lectora, como "Wuthering Heights" de Emily Brontë, "Against Interpretation and Other Essays" de Susan Sontag, la bibliografía de Virginia Woolf... Conclusión: literatura buena escrita por mujeres hay, mucha además. Nadie tiene excusa para no leerla.

martes, octubre 11, 2016

Sorpresa: ¡me independizo!

Esta tarde, veinticinco de julio, pasadas las cuatro, una furgoneta muy grande ha aparcado en un vado delante de mi casa y la he recibido con un carrito de Mercadona que transportaba cinco cajas de cartón. Una de ellas era de zapatos de la marca Dustin, otra era una típica caja decorada de las que se compran en un bazar y que sirven de cajón desorden. El resto eran del habitual cartón marrón áspero, como otras nueve que todavía esperaban arriba, en casa... en mi antigua casa. La casa donde he vivido los últimos veinte años.

Esta tarde he empezado la que será mi primera mudanza fuera de casa de mis padres. Me voy a vivir con unos amigos a un ático alquilado, en buena zona y en unas condiciones difícilmente mejorables.

Las cosas han sido muy precipitadas, todas ellas desencadenadas a primeros de mes. Si bien el detonante fue un poco agrio, no ha sido un plan improvisado por culpa de ese hecho. Ahora bien, todo ha ido mucho más rápido de lo que pensaba: apenas una semana y media entre búsqueda online y visitas a inmobiliarias, otra semana para zanjar el contrato del alquiler y los pagos pertinentes... Y esta semana, el asentamiento: pintar habitaciones, desempaquetar todo y empezar a vivir.

Me voy sin empleo, con dinero ahorrado de los últimos años. A que la vida me apriete un poco las tuercas y me la busque de alguna forma, a ser posible honrada para poder dormir tranquilo por las noches.

Tengo por delante un verano turbulento. El Proyecto Final de Carrera que presenté en julio está muy bien y muy bonito, pero suficientemente incompleto como para tener que completarlo y presentarlo de nuevo en septiembre. Nada grave, pero ahora sí que me lo juego todo a una única baza: es la última convocatoria. No la última de todas las del mundo, pero sí la última a la que debo optar. No quiero alargarlo más, ni me conviene hacerlo. Confío en empezar después, si todo sale como preveo, el programa de doctorado. A lo mejor estoy soñando despierto, muy despierto, pero el mundo de la docencia universitaria me interesa mucho. Además, mi interés profesional dentro de la arquitectura podría llevarme a alguna parte a partir de mi investigación doctoral. Es algo que no descarto.

Y...

Hoy es once de octubre. Dos meses y medio desde que empecé el borrador de esta entrada. Muchas cosas han pasado.

La más importante de todas: ¡he terminado la carrera! El PFC se entregó "debidamente" en la convocatoria de septiembre y aprobé con un notable (7). A finales del mes salieron las actas y oficialmente terminé la licenciatura de Arquitectura Superior, de la cual este mes solicité el correspondiente título de Arquitecto.

Actualmente me hallo en vías de tramitar mi preinscripción al programa de doctorado, proceso que está estancado a la espera de resolver reuniones con mis futuras directoras de la tesis para concretar el tema y realizar el "burocrateo".

Este verano, además de terminar el PFC, también tuve mi primer trabajo con contrato, haciendo de ayudante de cocina en un restaurante de Valencia. La experiencia, si bien fue dura (la hostelería no es fácil, menos en temporada alta), me dejó muy buen sabor de boca. Toda la vida hasta las narices de oír la cantinela del jefe cabrón, el martirio del currito de mierda, la explotación laboral... Y ojo, ni el trabajo fue un paseo en barca ni las condiciones eran idílicas, pero ni el blanco es tan blanco ni el negro es tan negro. No pretendo con esta opinión ser conformista, pues soy el primero que quiere aspirar a más, pero no puedo comulgar a pies juntillas con la letanía de la precariedad. Y eso me da muchas esperanzas de cara a lo que puedo exigirme en el futuro y lo que estoy dispuesto a exigir de quien algo demande por mi parte.

Ahora, hasta nuevo aviso, he retomado la faenilla de siempre: las clases particulares. Por ir tirando con algo: tirando poco, en verdad, pero de momento me apaña. Tengo ganas de saber si el doctorado traerá un horario de clases (o no, que existe también esta opción) para aventurarme con más seguridad en la búsqueda de mi próximo empleo. No estoy seguro de qué espero o qué puedo pedir, pero me gustaría subir un peldaño y hacer algo de administrativo. Poco a poco, paso a paso, mientras me sigo formando para hacerme un currículum que sea jugoso dentro de mi profesión (a día de hoy, lo único que me da una baza en la arquitectura son los idiomas, pero mi perfeccionismo y mi autoexigencia me califican de "mediocre" en casi todo lo demás).

Por otro lado, la convivencia de momento está siendo muy buena, bastante más llevadera de lo que me había imaginado en mi momento más pesimista. Si bien todos en casa tenemos claro que antes o después nuestros caminos acabarán separándose, ahora avanzamos en una misma dirección y arrojando balances positivos. Poco más se puede pedir, a parte de que las mesas de la casa estén limpias de liar tabaco... Jejejejeje...

Y ahora que estoy liberado, me estoy volcando en proyectos personales. Un proyecto gráfico en el que estoy haciendo una extensiva labor de documentación, retomar el primer borrador que logré en NaNoWriMo... Quién sabe, quizás por fin me dedique más tiempo a hacer algo con Rayas. Me gustaría, la verdad. Pero bueno, de momento me conformo con ir haciendo cosas. Por lo pronto, la lista de tareas post-PFC ha ido adelgazando hasta convertirse en apenas un tercio de lo que la inició. Con la publicación de esta entrada se tacha otro ítem de dicha enumeración.

Y poco más me atrevo a decir ahora mismo. Necesitaba terminar de escribir esto ya, ahora que la novedad aún está reciente. Pronto tendré más cosas de actualidad que contar y contenidos literarios que compartir. Octubre tiene que ser, por fuerza, el mes de recuperar el tiempo perdido en el blog. Me esforzaré para que así sea.

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo a todos.


jueves, junio 09, 2016

De cómo me atrevo, por fin, a considerarme un lector con todas las letras

Hola a todos, me he leído un libro y no me ha gustado.

Voy a dejaros un poco de margen para que os recreéis en esa frase. Acepto aplausos, especialmente si me conocéis un poco y sabéis, por lo tanto, que soy un crítico fatal a la hora de leer libros porque nunca me cruzo con títulos que sea capaz de calificar como malas lecturas.

¡No me ha gustado! De verdad. El tema era muy interesante y la persona sobre la que trata me suscita un montón de curiosidad... ¡pero el libro es una castaña! ¡Y me he dado cuenta! Es fantástico.

Os hablo de "Music: John Cage en conversación con Joan Retallack".


Portada de la edición en español que he leído. P.V.P.: 25,00€

Como ya vaticina el subtítulo en la portada, el libro se compone de una serie de transcripciones de las entrevistas mantenidas entre el compositor John Cage y la poetisa Joan Retallack pocas semanas antes del fallecimiento del primero en 1992. Las conversaciones se centran principalmente en comprender la forma de pensar de Cage respecto a temas como su concepción de la música, su impacto social, los procesos creativos que han marcado su obra tardía, sus motivaciones... Todos ellos elementos vitales para intentar aproximarse a una figura tan polémica en el contexto cultural-musical del s. XX. Al final del libro se incluyen una serie de anexos para ilustrar diversas piezas musicales y eventos referidos a lo largo de las charlas, que en general suponen un gran aporte para el texto (excepto en algunos casos bastante importantes, como comentaré más tarde).

John Cage es ese hombre al que la gente conoce —si es que lo conoce— principalmente por una obra que publicó en los años 50: 4'33'', una "pieza musical" compuesta por tres movimientos en los que se indica al intérprete que debe permanecer en silencio y no tocar su instrumento. Tomando esta reducción de toda su obra como referencia de su aportación a la música contemporánea, podemos concluir que John Cage es un dipolo en el contexto de las vanguardias: es el más atrevido de los vanguardistas y el más absurdo de los fraudes. Por suerte, y no siendo yo alguien dado a juzgar las primeras impresiones, me niego a posicionarme en cualquiera de ambos extremos. John Cage es otra cosa: un creador. Y me interesa mucho su perspectiva de lo que es la música y lo que él era capaz de leer en ese arte que yo quisiera vislumbrar.

Por eso adquirí este libro (primer error). Error por comprarlo en la edición española, de la editorial Metales Pesados. Si bien la maquetación no es mala, la obra ha sido traducida por un tal Sebastián Jatz Rawicz, alguien cuyo currículum como traductor no aparece reflejado en Internet. Y se nota que no es traductor profesional, al menos en el sentido estricto de estar especializado en una profesión. El estilo de la traducción es muy malo, nefasto incluso, llegando al extremo de generar párrafos o frases largas incómodas de leer por lo enrevesados que han quedado después de una traducción forzada, que se pierde en la literalidad de algunas frases que en inglés pueden tener sentido pero no en español. Os estoy hablando de esos momentos en los que, si sabes inglés, lees una frase rara en español y automáticamente piensas: "esto era patatín patatán y lo ha traducido palabra por palabra". Y no está bien hecho.

Los ejemplos más repetidos a lo largo del texto son las traducciones arbitrarias del verbo to be, como ser cuando debería emplear estar y viceversa; la expresión make sense (tener sentido), que traduce literalmente por "hacer sentido"; la traducción de speaker (altavoz) por "parlante", que en principio es correcto pero en España no se usa y a mí me sonaba a una traducción desinformada y literal a partir del verbo speak (hablar)... Y luego están las faltas ortográficas, también muy abundantes y molestas durante la lectura: uso en plural del verbo haber impersonal, ni una sola tilde en los pronombres interrogativos, comas separando sujeto de verbo, etc. Por último, el grupo mixto: faltas de ortografía que están relacionadas con la mala traducción, como cambiar de género un pronombre en frases consecutivas (se refiere todo el tiempo al mismo sujeto, pero le otorga una crisis de identidad profunda).

Quizás la edición original en inglés habría sido más adecuada. Por otro lado, hay algo que he notado en el libro que posiblemente se viera acentuado en la versión inglesa: el tono elitista que adereza el contenido. La gente involucrada en las conversaciones del libro es muy culta e inteligente: hablamos de compositores de música, músicos virtuosos, personas con muchas relaciones dentro del mundo de las artes y los circuitos de museos y exposiciones a nivel internacional... Y por aquí y por allá, mientras se narran anécdotas, dejan caer comentarios condescendientes o completamente alienados del mundo.

Son frecuentes las alusiones a público desconcertado con la obra de Cage en representaciones en directo (que no estaban atentos, o tosían mucho y mostraban desinterés por lo que estaban presenciando). Como queja es comprensible: a mí tampoco me gusta que la gente haga ruidos molestos en un concierto o en el cine. Sin embargo, los comentarios se hacen con un tono de superioridad, fórmulas que me hicieron pensar automáticamente "mira, estos incultos que no entendían el privilegio que tenían, y qué bien calladito y atento que estaba yo". Además, siendo las obras de Cage piezas que se preocupan por englobar en la representación la participación del público (la tos del espectador forma parte de la representación), quejarse del comportamiento de la gente me parece hipócrita. Cage, cuando comenta los conciertos, es muy coherente: si no le gusta cómo sale una obra, suele hacer referencia a las expectativas que tenía y no a los culpables, cosas que Joan Retallack sí hace.

También tenemos esa actitud alienada respecto a la sociedad, por la cual se habla del tema del libro (la música experimental de Cage, su concepción, realización y difusión) obviando que el mundo entero no gira en torno a ello. Se omite con facilidad el mundo de la música y su público fuera de las intervenciones experimentales en museos selectos, que en ocasiones parece retratarse en las conversaciones como el único escenario válido o de interés real para la cuestión que se discute. Me parece un error, ya que la música experimental en esos circuitos es inaccesible para el grueso de la población. A mí me interesa por circunstancias personales, a las que he llegado porque mi curiosidad o mis contactos me han metido en jardines peculiares, pero casi podríamos concluir que no es material de dominio público. Y, sin embargo, se sacan conclusiones sobre su impacto en el espectro cultural como si fuera lo más común.

Y, para terminar, la guinda de lo más terrible que me ha dejado el libro: la frustración experimentada mientras leía la parte más intensa e interesante del texto. En un punto dado durante las conversaciones, John Cage trabaja en directo junto a un músico virtuoso, Michael Bach, para elaborar una de sus futuras piezas musicales (que de hecho quedó inconclusa debido a su muerte pocas semanas después). Si bien es un momento muy interesante del libro porque te transmite, palabra por palabra (traducción aparte), una muestra genuina de cómo trabajaba Cage... la falta de fotografías o anexos intercalados en esa parte de la narración dificultan seguir debidamente el contenido de la conversación, ya que no tienes una referencia inmediata a las anotaciones que Cage está haciendo y explicando simultáneamente.

Me esfuerzo lo indecible por concluir que todo es culpa de la forma del libro tal y como lo he experimentado. Probablemente en otro formato, mi relación con el texto habría sido distinta. Actualmente es un amor-odio con el que cada vez estoy más convencido de que no hay amor en realidad. Una lástima... pero también una gran satisfacción. Me gusta ver que mi criterio madura hasta el punto de abandonar mi antigua faceta de eterno conformista y transigente. Después de tantos años, me empezaba a frustrar la ya habitual expresión de "me cuesta mucho aclarar cuáles son mis libros favoritos, porque en general todo lo que leo me parece bueno". No, no es verdad que no sepa identificar un libro que me parezca malo. Es más: recientemente empecé a releer "Memorias de Idhún", de Laura Gallego García. Y tampoco me está pareciendo bueno, aunque por motivos diferentes.

Probablemente hable un poco sobre esa trilogía más adelante.

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo a todos.

lunes, abril 18, 2016

Crónica de la 2ª edición de ENDEI

Fui a Castellón el sábado 16 para participar en el II ENDEI (Encuentro Nacional de Editoriales Independientes). Evento del que os voy a narrar una crónica articulada tras introducir dos pequeñas puntualizaciones:

· las editoriales independientes eran editoriales medianas, pequeñas o minúsculas (una de ellas acaba de empezar este año editando la primera obra de su catálogo), algunas de las cuales me han resultado especialmente interesantes;

· yo quería ir a participar, pero una serie de desafortunadas casualidades me impidió inscribirme en el caramelito del evento: las sesiones de speed dating organizadas con las editoriales participantes.

Llegué a la ciudad a media mañana, justo después de que concluyese oficialmente el speed dating. Me encontré con Laura, amiga de NaNoWriMo, y estuve con ella y su profesora Vero charlando en una terraza sobre odiseas editoriales protagonizadas por la maestra. Nos despedimos de Vero y nos sumamos a una discreta muchedumbre que se cobijaba bajo un par de sombrillas cuadradas en la Plaza de la Pescadería para una charla sobre poesía ("Poesía, la edición en verso"), que pillé empezada. Allí me encontré con otras dos amigas de NaNoWriMo, Isa y Anxo. El tono de la charla fue bastante informal y distendido. No excesivamente revelador, cierto, pero me quedé con la misma sensación que en los coloquios posteriores, como luego contaré.

Pausa para la comida. Laura y yo, necesitados de un suministro calórico low-cost, optamos por El Rincón del Bocata, en el cual compartimos un par de platos vegetarianos muy apetitosos. Durante la comida hablamos largo y tendido sobre nuestra gran inquietud común: el contacto durante el speed dating con las editoriales (al menos por su parte, que sí que estuvo metida en el ajo).

Yo me lamenté profundamente de mi ausencia. Mi indiferencia respecto a la hora de llegada a Castellón venía motivada principalmente por un error mío: no me había enterado de que había que preinscribirse para el speed dating hasta que ya era demasiado tarde, momento en el cual deseché por completo mis opciones de participación. Laura aprovechó la ocasión para explicar que muchos autores se habían colado en los encuentros exprés, algo que yo me vi obligado a descartar porque realmente no me parecía la mejor carta de presentación para una toma de contacto con un posible, futuro editor, alguien a quien debo entrarle bien por los ojos. Por un instante sopesé la alternativa de hablar informalmente con algún editor durante las charlas de la tarde. No me parecía una idea tan descabellada...

Los eventos programados después de comer empezaron con polémica. La mesa redonda "El esplendor del cuento" fue inaugurada por un beligerante epitafio cortesía de uno de los editores participantes: "yo no entiendo de dónde sale ese esplendor del cuento, si el cuento no vende una mierda". Si bien el tono del órdago arrancó alguna risita complicente, el objetivo y efecto no fue tanto el de romper el hielo como el de lograr que este personaje se sintiera en su salsa... tras lo cual se envalentonó, ofreciendo a la parroquia una serie de sentencias a cual más categórica: una valoración totalmente destructiva sobre el género del microrrelato ("gente que escribe unos chistes") consiguió que tanto Isa como Anxo se levantaran de la silla para explorar otras zonas más hospitalarias de Argot, la librería donde tenía lugar el encuentro. Apenas 20 minutos después de empezar, sus intervenciones habían logrado incluso arrancar un "no" unánime del público; acto seguido, el editor se excusó y tuvo que dejar las brasas candentes, a tiempo para eludir un último soplo de fuelle que habría hecho arder la librería.

Por desgracia, en mi opinión, esta marcha provocó una ruptura total del transcurso de la mesa redonda, que se reconvirtió en un Q&A improvisado con uno de los otros editores, más moderado, tocando muy tangencialmente el tema titular (sólo se quedó él, el tercer editor también tuvo que marcharse; creo que ambas ausencias venían motivadas por cuestiones de transporte). No sé muy bien por qué pero me esforcé con un par de preguntas para reconducir la charla, aunque en vano, así que me limité a escuchar y captar cuanto pudiese sacar de utilidad en medio del batiburrillo. Las cosas como son: rápidamente tuve la sensación de ser la única persona interesada en seguir hablando sobre cuentos, mientras que la indignación provocada por el primer editor había quitado a todo el mundo el tema central de la cabeza... y nadar a contracorriente se volvió absurdo. Y, puesto que tampoco era un tema que me tuviese despierto por las noches, no tuve que lamentar una gran pérdida (eso sí, tomé notas de autores de cuentos para consultar).

Poco después hubo una breve sesión de presentación de editoriales: 15 minutos para que cada una introdujese su línea editorial y comentase algunos de sus logros, novedades y objetivos. Alpha Decay y Ya lo dijo Casimiro Parker me parecieron muy interesantes por su carácter extraordinario, rompedor en sus propuestas e intenciones. Versátil, si bien era más convencional, eligió muy bien a su representante: un hombre gigante con una voz gravísima (me dio mucha envidia su potencia vocal... no necesitaba micrófono, una cosa fantástica) con mucho carisma y un discurso muy casual pero conciso. Les hice algunas preguntas, la última de las cuales provocó un efecto totalmente indeseado: desencadenó el tercer evento programado, una mesa redonda titulada "El libro en papel frente al libro electrónico".

Esta mesa redonda, mucho más intensa, empezó como respuesta a mi pregunta sobre las preferencias de cada editorial respecto a la edición digital, porque sinceramente tenía muchísimo interés en saber cómo gestionaban la publicación de obras en ese formato ("si en un futuro puedo tratar con ellas, necesito saber cómo lo hacen"). Evidentemente, no todas las editoriales funcionaban igual y ni siquiera había consenso en cuanto a dónde residía la utilidad del soporte digital para todos. Por ejemplo, la editora de Alpha Decay comentó que sólo habían valorado hasta el momento la edición digital porque tenían bastante demanda de sus publicaciones en Latinoamérica, pero distribuir allí en papel salía carísimo; sin embargo, fuera de ese motivo, muchas de sus obras ni siquiera se podrían trasladar al formato ebook (su best-seller, "La casa de hojas" de Mark Danielewski, es un libro que tiene fragmentos en Braille, en Morse, invertidos para leerlos con un espejo, maquetación imposible...). Por otro lado, la editorial Tolstoievski (mi flechazo particular de este evento, la editorial recién empezada) sí estaba abierta a trabajar desde la base con ese formato como una alternativa más que no tiene por qué pisar al papel.

Estas preguntas se convirtieron en el inicio de la mesa redonda, una charla muy interesante con perspectivas diferentes por partes de los invitados aunque todas bastante conciliadoras. Si bien no había fuertes detractores de ninguno de los dos formatos, sí se podían ver posturas opuestas muy coherentes que aportaron mucha profundidad al debate.

Llegados a este punto, aunque en esta mesa quizás fue donde menos tuve esa impresión, cabe destacar que los editores son figuras muy curiosas en general (entiéndase el calificativo en el mejor sentido posible). Por un lado está el rasgo más característico: hablan del mundo de los libros desde dentro y tienen una visión muy específica de cómo funcionan las cosas, relacionada directamente con lo que ellos tratan a diario en su trabajo. La mayoría se sienten muy cómodos hablando en las mesas de datos sobre su producción editorial que yo no me esperaba oír con tanta transparencia, como tamaño de las tiradas de sus ediciones, precios e incluso algún dato de costes... También reflexiones personales sobre motivos detrás de alguno de sus libros en catálogo ("a veces editas una obra porque, aunque sabes que no va a vender nada o casi nada, piensas que se lo merece más que muchos de tus best-sellers") que me parecieron muy humanas y reveladoras.

Por otro lado, me parece muy destacable que los editores de géneros específicos miman mucho al perfil de sus lectores. Da igual que escuchases a Pre-Textos hablando de poesía o a Zorro Rojo hablando de cuentos: para todos, el lector  de su género es "un tipo de lector especial, más delicado, que sabe lo que busca". Siempre, por supuesto, en comparación con los lectores de novela, aunque en cierto modo no es de extrañar: todos los géneros de menor volumen de ventas en comparación con la novela, que es el mayoritario, pueden encajar en dicha descripción sin tener que pillarte mucho los dedos. Ahora bien, era como mínimo simpático oír a editores distintos decir lo mismo sobre sus respectivos públicos en eventos diferentes.

En resumen, pensando en los distintos eventos desarrollados durante la jornada, creo que hubo un gran defecto que se hizo patente en todas las actividades: hacía falta un MODERADOR. En más de una ocasión tuve la sensación de que los organizadores del evento habían soltado a los editores como pollos descabezados en las mesas redondas, sin darles una pauta sobre el tema a tratar más allá del título. Quizás lo más productivo habría sido estructurar las mesas redondas en torno a una batería de preguntas o una serie de temas que barrer para evitar los momentos de duda de los participantes respecto a por dónde tirar o si es que quedaba algo más que añadir. Las rondas de preguntas también fueron muy escuetas en general y no se puede culpar a nadie: convertidos todos los coloquios en una especie de divagación intermitente, aunque los datos interesantes no faltaban, no se lograba crear una corriente que fluyese de principio a fin en todo momento. Aun así, la buena intención de la mayoría de participantes permitió arrojar como mínimo un par de destellos sobre la figura, hasta entonces anónima y sombría, que yo conocía de los editores.

Finalizada la mesa redonda, concluyeron los eventos de la tarde y, para un servidor, la participación en ENDEI. Cogí el tren de cercanías y volví de noche a Valencia, redactando estas líneas en un pequeño cuaderno de bambú que estrené en el viaje.

Y así llegamos a la situación actual, dos días después de la visita a Castellón. Anoche, motivado por el reciente descubrimiento de la aplicación Writeometer gracias a Isa (con la que viajé de regreso a Valencia), continué con el algo abandonado reto de CampNaNo. Este año he pasado el escalón de la inscripción y he conseguido progresar en la escritura, superando las 500 palabras del modesto reto de 5000 que me había propuesto alcanzar.

Saco el tema a colación porque el tema de mi proyecto no es otro que la revisión de mi segundo libro, el cual está actualmente en fase de revisión y finalización del borrador parcial. Pensándolo bien, ¿quizás era un poco pronto para hablar con los editores? Quiero pensar que no porque el plan que yo tenía en mente era bastante claro: conseguir el interés de una editorial para que, apoyado en su experiencia, pudiese trabajar mano a mano con ellos en acabar mi manuscrito. Lástima que esta cuestión, sobre la cual reflexioné de regreso a Valencia, no me viniera a la mente durante la ronda de preguntas de las presentaciones de editoriales: entonces habría averiguado si lo que yo pretendía conseguir estaba dentro de la actividad editorial que ofrecían en ENDEI... o si estaba mirando en la dirección equivocada.

En cualquier caso, y sin ser un hito en mi vida que haya transformado mis esquemas de la realidad, la experiencia en ENDEI ha sido constructiva y motivadora. Recomiendo la participación de todos los lectores interesados en sus futuras ediciones, a las cuales no descarto en absoluto asistir.

Gracias a los organizadores y asistentes y, por supuesto, gracias a las personas con las que compartí el día.


Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo a todos.

martes, marzo 29, 2016

El justiciero ecológico de Villalágrimas-Narcomoebia, parte dos

Un trozo muy grande de una teja cerámica que está rota y yace junto a un sumidero de alcantarilla. Una lata de cerveza Adlerbrau. Un brik de zumo de frutas y leche vacío y ligeramente descolorido por la exposición al sol. El justiciero se ha hecho hoy con un botín del que está especialmente orgulloso. Ante mis preguntas curiosas, responde con todo lujo de detalles, como un conferenciante dando una clase magistral altamente esperada.


—¿Te has fijado en la boca de alcantarilla de donde he cogido la teja? Pues es una pasada, una puta pasada, chaval. Porque yo he llegado y la he visto con toda la mierda encima, que bien podría taponarla si lloviera, y en el momento de coger este trozo grande de teja he visto con total claridad a dónde me lleva lo que estoy haciendo. Claro: he cogido el trozo más grande, lo más notable de toda la basura que había ahí. Normal que sin él de repente se vea otra cosa. Y eso es precisamente lo que yo espero de esta misión: que llegue el día en el que cruce esta puta pasarela mirando al suelo y lo vea todo limpio. Nunca estará limpio del todo, porque esto está pavimentado como el culo y cuando no quede mierda seguirá habiendo polvo y barro... pero el cambio se notará mucho y se agradecerá, vamos que si se agradecerá...

Me hace mucha gracia la inocencia con la que me habla de ese objetivo suyo. Intento, con todo el tacto que logro reunir, explicarle cómo son las cosas: la gente seguirá tirando basura y el sitio nunca estará limpio del todo. El justiciero se queda callado y me mira con intensidad. En sus ojos marrones puedo leer una frase, tan nítida como si me la estuviese gritando a un palmo de la cara: "ya lo sé".

—Pero sigues limpiando, a pesar de todo.
—Evidentemente: si nadie limpia pero la escoria sigue tirando mierda aquí, en un par de meses no se podrá ni andar por esta acera.
—Gran favor que le estás haciendo a los vecinos, ¿no es cierto?
—Pues sí... Demasiado grande, diría yo: no creo que nadie de por aquí se lo merezca.

Su respuesta me pilla por sorpresa. Le pido una explicación, pero no consigo que me diga nada durante el resto del camino. Intento abordarlo con varias preguntas, pero se limita a ignorarme o a quejarse de que estoy en medio y no le dejo hacer bien su trabajo. Su obstinación me irrita, pero me callo para evitar que la cosa vaya a peor.

Cuando cruzo la pasarela para entrar en la parada del tren, me silba antes de que atraviese la puerta automática.
—¿Tienes mucha prisa hoy?
—¿Disculpa?— le replico de mala gana.
—Que si tienes prisa por irte ya con el tren. Si te quedas hasta que anochezca, te enseño algo.

Qué oportuno: el justiciero quiere enseñarme la noche. Dudo entre sentirme maravillado o insultado por el tufillo cinematográfico de su proposición. Le observo en busca de alguna pista, pero no hay nada en él que me haga sospechar. Bien mirado, el justiciero ecológico no puede ser más honesto y transparente: un chico joven, bajito, fondón y calvo, que viste ropa ancha y vieja y me mira mientras sostiene basura en una mano.

—No quiero llegar demasiado tarde a Valencia y los trenes pasan cada hora. ¿Te basta si me quedo hasta que pase el de las nueve y media?
—Suficiente. Es que... joder, me sabe mal lo de antes y no eres mala gente, no quiero que pienses mal de mí. Quédate y así te explico un poco de qué va la cosa.
—De qué vas tú, más bien— contesto mientras me alejo de la puerta de la estación en dirección a él.

·     ·     ·

Son las ocho y cinco y empiezo a mirar el reloj con impaciencia. Estamos a escasos doscientos metros de la parada del tren, pero prefiero esperar en el andén, a un paso de la puerta de los vagones, antes que allí fuera... en mitad de ninguna parte:



domingo, enero 31, 2016

El justiciero ecológico de Villalágrimas-Narcomoebia, parte uno

Voy a Narcomoebia una vez por semana, a dar clases particulares a varias alumnas. Es un viaje más o menos rentable, si bien acaba consumiendo casi todo mi día y me devuelve a casa por la noche muy cansado y con ganas de poco.

Para ir, como no vivo en esa localidad, me veo obligado a usar transporte público costeado por mis alumnas. Paro en la estación de Villalágrimas-Narcomoebia, uno de esos lugares que el justiciero ecológico es incapaz de ignorar. No es el único sitio de esta índole que se puede hallar en la geografía nacional. En este país somos expertos en crear estos pequeños reductos de inmundicia que pasan totalmente desapercibidos, hasta el punto de que me atrevería a apostar que los servicios municipales no son ni tan solo conscientes de su evidente negligencia.

Quien haya paseado alguna vez junto a una huerta lindante con una gran ciudad o quien haya caminado por las aceras solitarias de las rotondas muertas en el extrarradio conoce el panorama que el justiciero se encontró al llegar a Villalágrimas-Narcomoebia. Allá donde mires encuentras basura tirada por el suelo, botellas de agua y envoltorios de todo tipo, así como latas de cerveza y refrescos que ya llevan años abandonadas en la cuneta y que los agentes atmosféricos han ido degradando poco a poco sin llegar a eliminarlas del todo. Se trata de cantidades nada desdeñables de residuos que quedan fuera de las rutas de los servicios de limpieza, o lejos de las ganas y obligaciones de los barrenderos y barrenderas que quizás pasen por allí ocasionalmente durante sus turnos de trabajo.

Y el justiciero ecológico entró en acción. Armado con un par de guantes de plástico del Mercadona, de esos que debes utilizar para seleccionar la fruta en la sección de vegetales, este enigmático personaje actúa cuando cae el sol. Al marcharse de Narcomoebia y sorprendido ocasionalmente por camiones peregrinos que invaden la rotonda de la estación del tren, el justiciero se enguanta las manos, recoge un par de objetos del suelo y los cruza al otro lado del paso elevado, donde los deposita en una papelera específica.

Aún queda mucho por limpiar. El justiciero no tiene prisa: al fin y al cabo, su justicia es subjetiva y solo hace lo que él cree que está bien hecho. Además, claro está, no piensa sacrificar un tren que esté llegando por recoger un par de latas extra. No, amigos y amigas, el justiciero es como es y el porqué de sus actos no está del todo claro.


Yo he hablado con él recientemente. Me lo crucé en la rotonda, a oscuras, recogiendo una cantidad especialmente grande de basura. Me dijo que acababa de empezar con aquella empresa, que estaba siendo testigo de su segunda intervención. Quizás por lucirse delante de mí, en vez de coger un papel pequeño o un brik de zumo cogió una bolsa de plástico blanca que contenía unas cuantas cosas y una botella de agua de litro y medio vacía y chafada. Casi se me escapa preguntarle que por qué no cogía nada más, ya que estaba... y, para qué engañar a nadie, realmente se me escapó.

—¿Pero tú de qué coño vas, tío listo? ¡Encima de que no tengo por qué hacer esto y vienes tú a soltarme esas mierdas? ¡Recoge tú también, si crees que no me estoy llevando suficiente mierda!

Me quedé muy quieto y noté cómo se me calentaban las orejas. Si bien es cierto que yo no voy tirando cosas por el suelo y no veo por qué tendría yo que recoger la porquería de los demás... supuse que él estaba en una situación similar a la mía. Entiendo cómo piensa: le da rabia que la gente sea tan sucia y piensa que dar ejemplo es la mejor forma de corregir la situación. Sin dudarlo, miré a mi alrededor y me agaché para coger un cartón de una huevera que yacía junto a un murete de hormigón.

Pero él me detuvo, pidiéndome que no lo cogiera.

—Esta rotonda es cosa mía. Búscate otra, que las hay, no tienes que esforzarte mucho buscándolas. Además, no vienes debidamente equipado. Deberías llevar, por lo menos, un par de guantes y una linterna.
—Tú no llevas linterna, no sé cómo te ves —le dije con tono conciliador, intentando que sonase como un cumplido por su buena visión nocturna.
—Es que he caído ahora en lo bien que me vendría. Cuando sea verano, que a estas horas todavía habrá sol, no será necesaria... pero ahora que es noche cerrada vendría bien, aunque sea por seguridad.


Es un tipo peculiar, este justiciero ecológico. Supongo que me lo encontraré todavía en varias ocasiones: aunque en sus tres primeras visitas ya ha quitado bastante basura, la rotonda sigue hecha una porquería. Puede que llegue el verano y ya no necesite su linterna.

(Continuará).

Evidencia 1. Bajo las escaleras de la pasarela, lado de Narcomoebia.

jueves, diciembre 31, 2015

Un detalle de fin de año

Se acaba 2015 y, con la llegada de 2016, se marchan muchas cosas que han irrumpido en mi rutina y que me han dejado un estupendo sabor de boca. Una de ellas ha sido la inmersión en el mundillo de los cursos online gratuitos, de los cuales ya he completado dos hasta la fecha. El primero de ellos, "Start Writing Fiction", no sólo supuso una excelente toma de contacto con este formato didáctico, sino que dejó tras de sí una pequeña batería de textos, desarrollados en mayor o menor medida, que componen el grueso de ejercicios de redacción completados a lo largo de las ocho semanas de curso.

Para despedir el año, y con la intención de arañar un poco el objetivo propuesto para este año en el blog (intentar establecer una periodicidad mínima, llegando a una media de post por mes), incluyo aquí la traducción de uno de los ejercicios que desarrollé durante el curso. Os invito a que hagáis todo tipo de sugerencias constructivas sobre el texto. Notaréis algunas frases un poco chirriantes por forzar la literalidad con el texto original, redactado en inglés: razón de más para agradecer fórmulas que se os ocurran para pulir el fragmento.

El profesor Linievsku estaba trabajando en su oficina, como siempre hacía después de sus clases. El hombre no sabía a qué hora se considera racional abandonar la universidad porque siempre tenía un artículo que completar o un trabajo que calificar, así que resultaba más bien difícil mantener una conversación casual con él, referente a un trabajo grupal o a un tema interesante de una de sus clases, yendo de camino al aparcamiento. A decir verdad, él no iba al campus en coche, ya que siempre dejaba su oficina después de que el parking hubiese cerrado.

Cuando llegué a la puerta de su oficina, toqué suavemente sobre el cristal con su nombre extranjero pegado justo en el centro. El sonido difuso de su voz invitándome a entrar, sumado al exotismo de su nombre europeo flotando ante mis ojos, me hizo sentir como un estudiante de intercambio en una universidad lituana.

El profesor me miró con una sonrisa dibujada en la cara y me invitó a sentarme frente a él. Sus manos gesticularon dicha invitación, y acto seguido volvieron a las páginas escritas en las que estaba trabajando. Cuatro segundos más tarde se detuvo abruptamente, mirando al infinito, y después levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos.

"¿Quién eras tú, perdona?", preguntó distraído.
"Soy William, señor, de la clase de Física Avanzada".
"¡Ah, sí, y tanto que lo eres!", exclamó con profusión, "me cuesta tanto después de tantos años, con tantos nombres americanos y tantas caras...".

Sonreí condescendiente. Resultaba como mínimo gracioso pensar que semejante eminencia en el campo de la física, conocido también por su meticulosa labor como historiador, fuese tan malo recordando nombres de gente que veía a diario. Mi ausencia en su memoria era incluso más alarmante de lo normal, sabiendo cuán relevante era para su seguridad y bienestar aquello que yo había descubierto aquella mañana en la oficina del conserje...

martes, diciembre 08, 2015

Otoño errático tras el verano errático

¡Buenas a todos!

Aquí estoy de nuevo, después de tres meses callado. Meses en los que han pasado unas cuantas cosas, de las cuales vengo a hablar hoy.

En primer lugar, escribo esta entrada como parte de una lista de tareas que he completado casi en su totalidad entre ayer y hoy que incluía, entre otros ítems, terminar el curso de escritura creativa que mencioné en mi última entrada. "Start Writing Fiction" terminó oficialmente la semana pasada, pero yo lo he completado hoy, con un par de días de retraso. El trabajo de las últimas sesiones ha sido muy denso, puesto que he concentrado en pocos días naturales la labor que teóricamente habría desarrollado a lo largo de varias semanas. Aun así, he sido honesto en cuanto a realizar las tareas escritas y he completado poco a poco la "to do list" del curso hasta llegar hoy al 100% de progreso. El resultado final del curso ha sido, aparte de una serie de ejercicios intermedios que compartiré en próximas entradas, un borrador de relato corto que ha pasado ya por una fase posterior de edición y de revisión por parte de participantes en el curso. El relato ha sido mucho más gratificante en su forma final de lo que esperaba llegar a producir como parte de los deberes propuestos en la web, del mismo modo que varios de los contenidos han superado con creces las expectativas que me había formado al inscribirme en octubre.

Así he descubierto cosas que desconocía, como la novela "Jazz" de Toni Morrison (parte de una trilogía que ahora quiero leer), a la par que contenidos de cuya existencia era consciente pero que no había localizado previamente de una forma compacta o condensada, como una serie de consejos y pautas para dar formato a los textos que presente para diversos fines (siguiendo estándares británicos, claro, aunque me parecen muy universales). Desde luego, para ser un curso gratuito está muy bien y me ha convencido para probar con más cursos en adelante.

En segundo lugar, hilando con el primer punto, he empezado un nuevo curso de FutureLearn: "Starting a Business 1: Vision and Opportunity". Es el primero de una serie de cursos de dos semanas de duración relacionados con la creación de un negocio. En mi "libreta para atrapar planes y/o ideas de futuro", ser propietario de negocio figura en la lista de proyectos posibles para un futuro y sigue en pie mi intención de hacer cursos online como complemento para mi formación personal/profesional. Todo esto mientras busco un trabajo al terminar de estudiar, luego estoy trabajando en crear ese hábito de formarme transversalmente desde ya.

En tercer lugar, ha terminado noviembre, lo que me lleva a sumar otro reto de NaNoWriMo superado a mis espaldas. Por segunda vez consecutiva he llegado a las 50 000 palabras, solo que esta vez lo he hecho en inglés. :) Estoy especialmente orgulloso de dicho logro, si bien es cierto que hice un poco de trampas ya que escribí en inglés prescindiendo de usar contracciones con el propósito deliberado de rascar palabras allá donde pudiese... Pero jamás había intentado escribir algo tan largo en inglés y, siendo la primera vez que lo intentaba, completar dicho reto con éxito me ha resultado gratificante a más no poder.

Debo puntualizar, eso sí, que me estoy planteando seriamente hasta qué punto NaNoWriMo es beneficioso para mí. Por un lado estoy muy satisfecho porque estoy generando borradores de 50 000 palabras a ritmo anual, pero durante noviembre anulo cualquier otra prioridad o la minimizo muchísimo, con la consiguiente repercusión negativa en mis logros académicos (¿laborales en un futuro?). Por otro lado está el hecho ineludible de que ambos retos han consistido en escribir borradores de historias diferentes que, por ahora, siguen inconclusos. No me parece bueno vomitar borradores que no llegan a ninguna parte, puesto que no veo mucha diferencia entre esa semiproducción literaria y no terminar un relato de dos páginas. Salvando los totales de palabras, el logro es el mismo. Por eso quiero plantearme ahora la posibilidad de convertir NaNoWriMo no en una obligación anual que me absorba por completo, sino en una etapa que he desarrollado durante estos últimos dos años en vistas a desarrollar un hábito constante de escritura. Un hábito que recoja, por ejemplo, la edición y revisión de mis manuscritos producidos hasta la fecha, así como una posible iniciación a la escritura como profesión (perdón por la osadía).

Por último, no debo olvidar mi situación universitaria: estoy inmerso en la realización de mi PFC, si bien el progreso global es menor de lo esperado. He hecho correcciones periódicas con mi tutora y sigo adelante con el trabajo, pero aún no ha tomado tanta forma como me gustaría. Aun así, no pienso tirar la toalla y, ahora que ha terminado NaNoWriMo, tengo más tiempo aún para dedicarle. Más me vale aplicarme a conciencia.

Lo voy a dejar aquí por ahora. No olvido mis listas de tareas pendientes, acumuladas a lo largo de los años, pero no pierdo la esperanza de cumplir mi palabra (antes o después).

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo a todos.

miércoles, septiembre 30, 2015

Verano errático... y vuelta a las andadas

¡Hola a todos!

Este verano ha sido muy extraño. Empecé a hacer el PFC de Arquitectura Superior sin saber todavía si permanecería en mi plan de estudios porque me faltaba aprobar una asignatura, Proyectos III... la cual suspendí en la última convocatoria. No obstante, solicité un aprobado curricular y me puse manos a la obra durante julio y agosto esperando un fallo positivo de la comisión.

Al cabo de unas semanas de trabajo y correcciones, tuve una lesión que me dejó el brazo derecho inútil durante un par de semanas, mermando mi productividad. Después de restablecerme, un problema informático terminó de fastidiarme la capacidad de trabajo en agosto, haciendo imposible el objetivo inicial de tener el proyecto listo (en apenas dos meses, una locura notable) para septiembre.

Sin embargo, ahora que termina septiembre, la maquinaria está engrasándose y los engranajes empiezan a girar de nuevo. Estoy haciendo deporte de nuevo, procuro comer y dormir mejor... ¡y estoy siendo —cada vez más— productivo!

Para lograr este propósito estoy esforzándome por ocupar mi tiempo en cosas que, gradualmente, crezcan en grado de relevancia y provecho. Si bien ahora estoy haciendo cosas más bien intrascendentes (como ordenar mi colección de cartas Magic y ponerlas a la venta), he empezado también a asistir a la universidad para correcciones y conferencias...

...y me estoy preparando para el NaNoWriMo de este año con un curso online de escribir ficción.

"Start Writing Fiction", FutureLearn.com

Es un curso gratuito ofertado en la Open University orientado a definir personajes y seguir pautas y primeros pasos a la hora de escribir una historia. Aunque intuyo que muchos de los contenidos no serán precisamente novedosos para mí, el hecho de que esté en inglés me parece muy interesante y desafiante. Además, me viene que ni pintado: tengo intención de hacer NaNoWriMo en inglés este año. Lo cual puede ser todo un desafío, así como un tremendo fracaso... pero bueno, veremos lo que pasa al final.

En cualquier caso, tengo intención de retomar el blog después del verano como una actividad más que me obligue a no perder el tiempo con cosas totalmente banales e inútiles. Espero que funcione.

¡Buenas tardes a todos!

martes, mayo 12, 2015

Escribiendo mi segundo libro #002

Buenas noches.

Hoy he escrito sólo 120 palabras, una cifra bastante baja desde que retomé la escritura hace un par de semanas. La media de esta nueva temporada productiva ha sido de unas 250 palabras diarias, que tampoco es gran cosa; cabría esperar que intentase apretar un poco más hoy para acercarme al menos a ese valor medio.

Pero no es necesario. Esas 120 palabras de hoy son las que hacían falta para terminar de escribir la escena que tenía entre manos. La última escena planificada en esta primera fase de redacción de la novela.

Hasta ahora, había trabajado sobre lo que empecé en noviembre con la misma premisa que entonces: desarrollar una lista de ideas que esbocé para saber qué escribir durante el reto NaNoWriMo. Con las doce escenas que tracé en noviembre empecé a engordar el contador de palabras y, al retomar la escritura el mes pasado, me quedaban aún un par de esas escenas por redactar.

Ahora, esas dos escenas han sido escritas en su primera versión. Por lo tanto puedo cerrar esta primera etapa de trabajo en la novela.

Recientemente cambié de software para escribir. Me he pasado a Scrivener, un procesador de textos muy bueno para escritores por la versatilidad y dinamismo que ofrece a la hora de trabajar con un manuscrito diseccionado por partes y con muchas opciones de personalización y búsqueda de datos. La siguiente fase de trabajo en la novela va a consistir en aprovechar las ventajas de Scrivener para diseccionar el borrador de estas 12 escenas que tengo terminado (55380 palabras).

La disección es imprescindible ahora mismo. Aunque antes de NaNoWriMo empecé a trabajar con apuntes en una libreta, durante noviembre escribía sobre la marcha partiendo de la descripción que elaboré para cada una de las escenas planeadas. Así pues, ahora mismo tengo 55380 palabras que no están esquematizadas ni anotadas ni comentadas en ninguna parte. Y debo revisar y tomar notas de todo por dos motivos principales: primero, no recuerdo muchos detalles que puedo haber incluido en las partes ya escritas y debo anotarlo todo para evitar inconsistencias, como describir a un mismo personaje de dos formas distintas o repetir algún detalle en varias partes pensando que no lo había empleado antes; segundo, tanto esos detalles que no recuerdo como otros tantos que ahora sí tengo en mi libreta deben ser añadidos al archivo de Scrivener para poder manejarlos no sólo por escrito en mi cuaderno, sino también con los comandos inmediatos de búsqueda del procesador.

Así pues, empezamos con la nueva fase. Espero poder informar pronto de que la he concluido. Hasta entonces, y aprovechando mi reciente actividad en este blog, quizás retome algunas tareas pendientes de aquí. :)

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo para todos/as. ¡Nos leemos!

viernes, abril 24, 2015

¿Hasta qué punto es mejor?

Como comenté en mi anterior entrada, al empezar con mi segundo libro y plantearme lo que quería lograr con aquella historia, decidí cambiar el formato de relato corto a novela.

Si bien estoy buscando así optimizar el aprovechamiento del potencial argumental, hay que tener en cuenta que, pensándolo en profundidad, la capacidad de trascendencia del formato es igualmente limitada en la actualidad.

Y así introduzco una tesis: ya no se escriben grandes obras de la literatura. El producto editorial ahora no es más que eso: un producto. Un bien de consumo.

¿Qué se estudia ahora en las escuelas cuando se habla de literatura contemporánea? Me consta que hay un BOE (pág. 378) que enumera, entre sus contenidos, diversas vertientes literarias desde el s. XX hasta nuestros días y que hay centros en lo que se estudia literatura de la segunda mitad del s. XX, como puede ser "La casa de los espíritus" (1982) de Isabel Allende. Incluso algo un poco más reciente: "Olvidado rey Gudú" (1996) de Ana María Matute (éste no lo he leído, pero conozco el nombre y seguro que casi todo el que pase por aquí y lea esta entrada podrá posicionarse como lector o conocedor del título).

El temario en muchos de estos casos aporta unas introducciones a la literatura contemporánea que me traen a la cabeza el término "oligopolio": diría que muchos, aunque no todos, han cerrado bandas alrededor de un discurso pactado. Este discurso defiende una serie de puntos:

i) que la literatura de los últimos 30 años se caracteriza por el abandono de la experimentación, la linealidad temporal, la abundancia de diálogos y un claro objetivo principal de enganchar al lector;
ii) que marca la hegemonía de la novela como formato y el desarrollo de subgéneros narrativos como la novela negra, la novela de aventuras, "la novela sentimental para mujeres" (estas comillas me parecen harto necesarias para la cita, sacada del temario de un instituto);
iii) que en la actualidad cobran especial importancia premios literarios —al menos a nivel nacional— como el Planeta, el Nadal, etc.

Del mismo modo, más allá de esta introducción, la teoría que estudian los jóvenes de Bachillerato sigue unas pautas:

i) apenas se ahonda en las características del estilo literario de los autores de referencia (resumiendo todos los rasgos en un único párrafo o frase), por no decir que la teoría se limita a enumerar autores y algunas de sus obras más conocidas (vendidas, exitosas comercialmente);
ii) se habla de dichos autores con comentarios simplones como "están teniendo mucho éxito";
iii) se hace referencia a los autores y obras contemporáneas de manera sesgada y parcial, empleando calificativos que cuestionan la validez o relevancia de las obras o las menosprecian (hablar de obras que son un "acertado intento").

¿Qué podemos concluir a partir de todos estos indicios? Que desde la enseñanza se da un trato muy distinto, casi discriminatorio, a la literatura contemporánea. Y no hablo de la producción de esta década, sino fácilmente del material publicado en los últimos 30 años. ¿Se trata de un juicio justificado? Podría ser; no me cabe duda de que en la actualidad hay muchas obras que cosechan grandes éxitos pero no por la calidad literaria, sino por la difusión que han tenido, la viralidad alcanzada en la era de la información. Ahora bien: ¿acaso no hay libros buenos? Si un libro se convierte en best-seller, ¿pierde el privilegio de ser considerado una gran obra literaria?

¿Será que lo que tenemos ahora no son grandes obras, sino grandes productos? Ahora todo tiene que venderse bien y mucho. Todo el mundo quiere escribir, todas las editoriales quieren tener su best-seller, los manuscritos van y vienen del correo a la basura porque hay tanta saturación que ya casi no se aceptan; todos quieren ganar un premio literario y que éste se mencione en una solapa de plástico sobre la sobrecubierta de tu edición de tapa dura, vender muchos ejemplares, una octava o novena o décima edición... ¿Alguien se imagina una librería a finales de los años setenta, con una edición de "Cañas y barro" expuesta en la que una solapa de plástico anuncie "la obra original llevada a televisión", con una foto del reparto y el logotipo de TVE?

Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿Hacia dónde me dirijo yo? ¿Qué puedo conseguir a día de hoy publicando un libro? Yo sé lo que quiero aportar, pero no sé si el panorama actual me hará un favor. En el hipotético caso de que logre publicar un libro y tenga éxito, ¿qué cabe esperar? ¿Que sea considerado un "buen libro"... o un "best-seller"? Yo prefiero el primer término, pero como ya he explicado un poco más arriba, parece que ese tipo de valoraciones no son viables con una obra producida después de los años 90.

Así pues, parece que la decisión de convertir una idea para relato corto en una novela sólo me da la opción de tener éxito comercial, pero no un reconocimiento a la calidad literaria. Por otra parte, más allá de la realidad superficial que envuelve el mercado literario actual, descartar la opción del relato corto sigue pareciendo obvia: la difusión de este formato de textos es mucho menor en la actualidad y, siendo una obra aislada, difícilmente podría conseguir una buena difusión a nivel editorial.

Así que como libro se queda. Aun así, no puedo dejar de preguntarme: ¿hasta qué punto es mejor?

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios. (Especialmente después de esta entrada, puesto que he dejado muchos interrogantes que no quería desarrollar más en el texto ante el riesgo de hacer otra entrada kilométrica tan pronto).

Un saludo para todos/as.

lunes, abril 20, 2015

Escribiendo mi segundo libro #001

[Nota a la entrada: el título de esta publicación sigue la iniciada aquí. Por cuestiones de rigor he modificado el título original de la serie para convertirla en la crónica de mi "segundo" libro, no el "tercero". Aunque el mini-libro/cuento que escribí de niño tiene un rincón especial guardado en mi recuerdo, comparado con las cosas que he escrito ya de mayor no me parece ni sensato ni adecuado darle tan elevada categoría. Queda pues para el recuerdo, dejando sitio para "los mayores".

Nota a la nota: me consta que, en otro punto anterior de la cronología del blog, ya publiqué algunos post haciendo referencia a un "segundo libro". En ellos hacía referencia a un borrador que no llegué a finalizar, pero del que también hablaré un poco más abajo].

Dispersión. Es una característica que me define bastante bien, tanto en el buen sentido como en el malo. Me considero una persona pro-activa y muy curiosa, con infinidad de intereses. Al mismo tiempo, esa sed de conocimiento multidisciplinar provoca que el tiempo que dedico o puedo dedicar a cada una de mis aficiones sea limitado y esa falta de atención suele aquejar a mis logros en todos los campos.

La escritura es algo que siempre me ha gustado y que, por efectos de la dispersión, ha quedado relegada al rincón del polvo y el olvido durante un periodo de tiempo muy extenso. Hablo de años, varios años durante mi carrera universitaria en los que hice poco más que vomitar alguna espontaneidad sobre un papel y, ocasionalmente, en este blog con la etiqueta "Inspiración del momento".

No estoy para nada satisfecho con ese abandono. La escritura, a diferencia del dibujo o la música, es lo que más he practicado con diferencia a lo largo de mi vida y es algo que quisiera potenciar de cara al futuro. Mucho ha llovido desde que empecé este blog con 16 años hasta ahora que tengo 24, y muchas ideas de las que tenía entonces han quedado obsoletas o se han transformado poco a poco hasta ser una versión evolucionada de un pensamiento primigenio.

A día de hoy, por ejemplo, acabando la carrera, no estoy seguro de tener las mismas aspiraciones profesionales que tenía cuando empecé a estudiar. Recuerdo aún la idea, algo infantil, de hacerme arquitecto para poder generar un colchón económico que el día de mañana me permitiese dedicarme de lleno al arte en muchas de sus vertientes. Hoy la arquitectura no me parece tan buena idea como entonces, menos aún después de conocer un poco mejor el mundo para el que me he formado, la situación económica nacional y global tras la crisis de 2008 y los dolores de cabeza derivados de la responsabilidad civil de mi profesión.

La arquitectura me gusta. Y la arquitectura responsable sería algo ideal que contemplaría como una posibilidad profesional. Pero la sociedad actual y la coyuntura económica que vivimos no forman el marco idóneo para este desarrollo laboral.

Mi opinión respecto a dedicarme al arte, por otro lado, no ha cambiado.

No lo comparto abiertamente con mi familia. Vengo de un núcleo familiar fugado de una estampa proletaria desencantada con la vida. Me inculcan constantemente que el futuro consistirá en tener un trabajo de mierda, aguantar a un jefe cabrón, trabajar mucho y con una remuneración penosa... Si a esta doctrina yo opusiera mi idea de dedicarme al arte, la incomprensión y la crítica que recibiría como respuesta me abrumarían. No tengo intención de soportar ese conflicto mientras no sea imprescindible y absolutamente necesario.

Además, hay que tener en cuenta que yo he estudiado Arquitectura, que tiene una fuerte componente artística, pero no es una formación específica para las Bellas Artes. Y la gente que estudia Bellas Artes, por ejemplo, ha estudiado en la universidad adrede para dedicarse al arte. ¿Qué quiero poner en relieve comentando este detalle? Que mientras yo entré en esta carrera con la idea de "costearme la dedicación al arte", hay quienes decidieron directamente "vivir del arte". Una decisión probablemente más valiente y más determinada que la mía. En cualquier caso, me atrevo a decir que mis inclinaciones personales, sumadas a mi formación académica, me eximen de considerarme un "intruso profesional" y, por lo tanto, contemplo con seriedad y determinación la posibilidad de "vivir del arte" como un objetivo profesional.

De este modo llegamos a la situación actual, a las puertas de terminar la carrera y a mi vida adulta e independiente (si es que puedo optar a algo así). Y llego a esta encrucijada esperando dedicarme al arte. Principalmente, por lo expuesto arriba, dedicarme a la escritura.

Creo que no escribo mal. Durante mi época más activa escribía mejor que ahora —estoy absolutamente convencido de ello—, pero la atrofia por el tiempo no es incurable en este ámbito. La necesidad de escribir sigue latente en mi interior y no puedo ignorarla. Sé que tengo cosas dentro que debo plasmar en palabras y quiero pensar que, llegado el momento, lo escrito podría ser un legado. Me considero capaz de escribir algo que trascienda o que, al menos, me sobreviva.

Puede sonar pretencioso. El objetivo lo es, desde luego. Pero no soy ningún ególatra; es más, actualmente persigo dicha meta con una actitud, un temperamento mucho más sosegado, humilde y reflexivo que el que portaba hace varios años, al empezar este blog. Leyendo hoy mis entradas de los primeros tiempos me doy un poco de vergüenza, pero no se debe al tono infantil de mi discurso sino al ego que destilaban mis palabras. Me reconozco en mis posts antiguos como una versión más ¿engreída? de mí mismo. Hoy en día soy muy distinto y, subrayando de nuevo el adjetivo, mucho más humilde.

En resumen, ahora soy mucho más crítico conmigo mismo y con mis creaciones literarias. Y por ese mismo motivo hoy me considero capaz de lograr mi objetivo, algo que probablemente nunca habría alcanzado cuando me lo propuse por primera vez en 2008.

Tras esta reflexión que considero necesaria, procedo a exponer la situación de mi proyecto literario: lo que ya he alcanzado, lo que estoy realizando ahora y lo que espero conseguir próximamente.

Como muchos ya sabréis o recordaréis (a los nuevos les dejo este enlace), poco después de terminar mi primer libro, "Café para dos", llegué a una conclusión muy sensata que aún respaldo: aquel texto no debía ser un proyecto editorial. Si bien es cierto que marcó un antes y un después en mi camino como escritor, no deja de ser un reto personal que sirvió para demostrarme algo que no había constatado antes: que tengo la perseverancia suficiente como para proponerme escribir algo de grandes proporciones y terminarlo. La calidad de ese primer libro es dudosa, puesto que nunca ha pasado más de una revisión/edición. Quedó terminado y zanjado cual caso resuelto, pero desde luego no estaba en condiciones para presentarlo en ningún sitio (y menos aún en un concurso como el premio Gran Angular, al que mi iluso yo adolescente aspiraba desde la más indulgente de las ignorancias). Dicha versión 1.0 quedó registrada en la web SafeCreative.org y así di cierre a una etapa.

[Nota al primer libro: si no recuerdo mal, "Café para dos" está registrada en esa web pero no está disponible para descarga. Si alguien tuviera interés en leer esa versión terminada del texto, estaré encantado de enviarla por correo electrónico a quien la solicite en la sección de comentarios].

Llegamos así a la segunda etapa de mi particular senda del escritor: el segundo libro. Empecé varias historias con mucho ímpetu después de terminar CX2 (se me acaba de ocurrir la abreviatura y me parece más cómoda para reducir la densidad del post), pero todas han ido quedando en nada. Recuerdo "El séptimo apocalipsis" (el link anterior menciona este título) como un proyecto original e interesante. El problema sigue siendo el mismo, nació con forma de borrador abominable que necesitaba demasiada revisión antes de continuarlo... pero, ahora, ese borrador no existe. Se perdió en formateos de ordenador, cambio de equipo y otros. La idea sigue en mi cabeza y, retomándola ahora, podría convertirse en algo decente. Pero requiere un nuevo inicio y eso es complicado.

Otra historia de las que empecé en aquella fase fue ésta. Como véis en el link, la comenté un poco más en profundidad, y el método de escritura empleado me parece muy correcto, perfeccionista —adoro el perfeccionismo, sería "perfeccionista" de profesión si existiese un trabajo así— y práctico, asombrosamente práctico. Aunque ese borrador también murió, la idea me parece igualmente fresca y digna de ser retomada. Pensándolo ahora, me doy cuenta de que estoy recopilando ideas potencialmente útiles para emprender el reto de NaNoWriMo este año (y el próximo, y el próximo...).

El hecho de que ambas ideas tengan ya 6 años de antigüedad y me sigan pareciendo, como mínimo, decentes significa algo, estoy seguro. Tomando por axioma mi aguda actitud autocrítica, parece evidente que tengo materia prima para producir literatura fantástica poco convencional con muchas cualidades. En un mundo como el que nos rodea, en el cual estamos sobreexpuestos a un espectro saturado de todas las facetas de la vida cotidiana, lo que destaca siempre es lo más espontáneo, lo fresco, lo inusual, lo transgresor. La mayoría de los jóvenes escritores abordan la literatura fantástica desde su interpretación personal, que consiste en construir un enésimo universo mágico con criaturas fantásticas, magia, una ambientación medieval, nombres inventados con exceso de kas y haches e incluso cus... La trama se desarrollará en torno a un personaje principal que resultará tener un don excepcional, habrá alguna especie de itinerario a recorrer, la revelación de que un personaje secundario o villano es el hermano/padre/tío de dicho protagonista. Yo no.

Pensando tanto en los borradores abandonados como en mi actual libro en proceso, veo que el género que desarrollo es literatura fantástica. Pero muy pocas cosas recuerdan directamente a los tópicos. La ambientación nunca es tan burdamente medieval. La magia nunca es tan saturada ni ilustrada; en ocasiones ni siquiera existe como tal (se parece más a la magia de "Canción de Hielo y Fuego" de George R. R. Martin, que brilla por su ausencia o sutileza, y ni así es del todo comparable). Así que tenemos un punto a mi favor: escribo cosas novedosas y aporto perspectivas nuevas al género.

Y luego tenemos El Segundo Libro, que es una mezcla de fantasía... y terror.

[Ahora empieza "el salseo" del post, el meollo de la cuestión. Sit back and enjoy].

Hablé por primera de este proyecto en 2012, cuando lo empecé (os remito al primer link de esta entrada, el primero primerísimo de todos). El germen de la historia data de 2010-2011, porque ya comenté entonces que la idea surgía de una pesadilla recurrente. El adjetivo es muy dramático: no tendría aquel mal sueño más de dos o tres veces. Pero era muy exasperante, claustrofóbico, horrífico... y, por ende, bueno para escribir una historia.

La primera tentativa que abordé fue la de un relato corto. Pero casi al instante la deseché por completo. En el s. XXI no es viable lograr una nueva "La metamorfosis" de Kafka o un "El viejo y el mar" de Hemingway (por favor, leed la frase sin ponerle ego; no lo hay, no soy Kafka ni Hemingway, sólo un iluso más que intenta explicarse). En el sentido estricto, el impacto de una obra literaria menor es minúsculo en nuestro modelo social contemporáneo. Si quería exprimir esta historia debía hacer algo un poco más ambicioso con ella. Tres años después de plantar la semilla, sigo viéndola como mi gallina de los huevos de oro particular. Así que decidí elevarla de relato corto a novela.

Al mismo tiempo que tomé esta decisión, me di cuenta de que la historia necesitaba un proceso largo de maduración. La pesadilla consistía en una escena bastante singular, repetida hasta la saciedad en mi subconsciente, con matices cambiantes o incluso manifestaciones de carácter altamente cinematográfico... pero no había un argumento. Ciñéndome al símil del medio audiovisual, diría que mi pesadilla no era una película, sino un gif. Y es fácil convertir un gif en un relato corto, pero usarlo como pilar de una novela requiere la adición de muchas cosas: una constelación de personajes, un argumento que se desarrolle con consistencia hasta llegar a esa escena culmen, una estructura apropiada para crear una tensión que no se difumine después —o antes— de llegar al escenario primordial, etc.

(La razón por la que decidí cambiar de formato a novela me ha suscitado la necesidad de filosofar un poco al respecto. Ahora que vuelvo a estar muy activo en el blog, apunto el tema con la tranquilidad de saber que dará para una próxima entrada que verá la luz pronto con toda seguridad).

Y así pasaron los dos años siguientes.

De 2012 a 2013 apenas avancé mucho de manera tangible, aunque lo que sí hacía era darle vueltas a la pesadilla en mi cabeza. De tanto pensar en ella la domestiqué un poco y le perdí algo el miedo. Al mismo tiempo supongo que olvidé algunos matices de los que la hacían absolutamente insoportable y aterradora por las noches, ya que a día de hoy me resulta muy fácil e inofensivo manejar la historia, mientras que las noches originales me levantaba con muy mal cuerpo. En esta fase la novela tenía un par de escenas muy definidas, pero el argumento, los personajes y la ambientación me resultaban poco creíbles. El núcleo de la historia no es simplemente fantástico/terrorífico, sino surrealista. La primera ambientación que desarrollé transcurría en el mundo actual y tenía un gran problema de continuidad, puesto que combinaba la aparición del elemento surrealista en la actualidad con su integración en la realidad global del mundo.

No encontraba los medios narrativos para justificar este binomio. Intenté "escurrir el bulto" planteando la introducción de la historia durante la infancia del protagonista; así, la ignorancia infantil podía tapar varios puntos inconsistentes. Sin embargo, cuando la trama se desarrolla durante la juventud del personaje, dichas cuestiones reaparecerían por necesidad, y eran demasiado numerosas y relevantes para la historia como para dejarlas sin resolver de manera gratificante. No me parecía correcto desarrollar mi historia igual que la trama de la serie "Lost", cuyo final fue bochornoso y decepcionante porque los guionistas escribieron la serie sobre la marcha y al final no se podía atar todo.

Todavía en esa época, sin saber cómo resolver los handicaps de la ambientación, me estanqué en ensoñaciones que transformaban la escena de la pesadilla. Recuerdo una muy particular porque me hizo reír de lo ridícula que era: parecía una escena de acción cutre de una película de Michael Bay. Con un puente medio derruido, los protagonistas intentando cruzarlo y un helicóptero de vigilancia que los seguía y, en un punto determinado, explotaba. En serio. Michael Bay en estado puro.

De 2013 a 2014 desaparecieron Michael Bay, los helicópteros que explotaban y los puentes semiderruidos en los que alguien resbala, queda colgando de una mano y es rescatado en el último momento por un alfeñique de 50 kg que saca fuerzas de donde no las hay. El compromiso de presentarme a NaNoWriMo 2014 me impulsó para comprar una libreta y empezar a tomar anotaciones. La historia empezó a definirse y la ambientación y los personajes cogieron forma. El escenario de la historia se convirtió en una imagen estática y atemporal, con intrusiones desde muchos momentos históricos. Ahora había una incursión de un protagonista que venía de la Grecia pre-clásica, una joven asiática de una civilización primitiva y un protagonista sacado de un pueblo español de principios del s. XIX. Y todo me encajaba. Escribí en este periodo varias escenas o, en su defecto, tomé algunas notas para estructurar dichos pasajes.

El problema que surgió en esta fase fue la estructura. Habiendo resuelto a grandes rasgos los otros ingredientes de la receta, faltaba conocer el proceso de preparación. La duda se planteaba irresoluble y permaneció así incluso en noviembre de 2014, cuando llegó NaNoWriMo. Tocaba escribir.

El reto de escribir 50 000 palabras antes de que pasaran 30 días reclamaba mi tiempo y mi dedicación. Todo mi tiempo y mi dedicación, tanto que no había mucho espacio para resolver un problema que había barruntado durante un año entero sin hallarle respuesta. Así pues decidí cambiar de estrategia: en vez de escribir el libro del tirón, completaría el reto escribiendo las escenas que tenía claras para la novela. Conforme las fuese completando, idearía otras que fueran necesarias para finiquitar el libro y, finalmente, trabajaría sobre ese material ordenándolo y dándole cohesión.

NaNoWriMo sirvió pues para plantear once escenas, de las cuales diez estaban terminadas al final del mes. Una de ellas, la del personaje griego, me absorbió por completo; creo que, de las 50 000 palabras, fácilmente 10 000 o 12 000 son de ese único pasaje. Estoy particularmente orgulloso de este fragmento, al menos de la trama. La undécima escena, que será el epílogo de la novela, quedó inconclusa.

El reto sirvió, por lo tanto, para elaborar buena parte de lo que sería el primer borrador de El Segundo Libro. Aun estando incompleta y mal redactada, esta versión ya era 5000 palabras más larga que el texto completo de CX2. Terminé el mes, por lo tanto, más que satisfecho con lo que había logrado.

Aun así, quedaba (queda) mucho por hacer. Las ventajas de NaNoWriMo son obvias: empieza un mes y no tienes nada, acaba dicho mes y tienes un borrador de novela. Pero un borrador escrito tan rápido implica que la calidad va a ser dudosa. En mi caso, hay muchas cosas que son directamente infumables. Muchas veces me arrepentí de algunas frases incluso antes de terminarlas, porque veía que estaba redactándolas con un estilo pomposo y recargado, haciendo un uso desmedido y condenable de adjetivos y perífrasis para engordar la cuenta de palabras. Haciendo caso de los consejos de NaNoWriMo, evité retocar cualquier cosa y ceñirme a la máxima de "no importa la calidad, sino la cantidad". Creo que es una regla bastante acertada, en especial si pensamos que es mucho más sencillo corregir una frase imperfecta que pensarla de cero y yo, a título personal, no podría estar más de acuerdo.

Y así llegamos a la etapa actual. Ha pasado ahora medio año desde que terminó NaNoWriMo y el progreso en el libro ha sido casi nulo. Digo casi porque algo sí he hecho con el borrador; he trabajado un poquito en la undécima escena. Mi amigo Josefus, con el que emprendí el reto, es actualmente mi único beta-reader y tan sólo dispone del borrador tal y como lo dejé en noviembre; así pues, cuenta con una colección de escenas que sirven para contar a grandes rasgos toda la historia, pero no dispone del epílogo (aunque sí del "final", que es demasiado atropellado, ya que estamos hablando del tema).

Por supuesto, queda mucho trabajo por delante. El itinerario lo tengo bastante claro: terminar el epílogo, imprimir una copia y empezar a revisar cada escena a la vez que voy hilando la estructura final de la novela. Cuando las tareas de redacción estén más avanzadas, empezaré a plantearme la posibilidad del contacto con el mundo editorial y todo el trabajo previo que esta fase conlleva.

En ningún caso, eso sí, debo perder el norte de mi situación actual. Estoy terminando la carrera y la situación es peliaguda. Debo priorizar algunas cosas y, en ese sentido, no me importa aparcar ahora El Segundo Libro. Pero también tengo que ser práctico: con una organización adecuada y estableciendo correctamente mis prioridades, bastaría con reducir la marcha del libro y trabajarlo pausadamente en ratos libres, no haciendo falta dejar nada a merced del polvo.

Y sí, definitivamente, este proyecto lo quiero desarrollar hasta que sea digno de publicación. Investigaré y me prepararé a conciencia para entrar como toca, pero todo apunta a que esta historia es buena. Espero no equivocarme demasiado.

Y... bueno, creo que eso es todo por ahora. Próximamente desarrollaré la nueva entrada filosofando sobre el formato de la novela y el mercado literario contemporáneo.

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios.

Un saludo para todos/as.

miércoles, abril 15, 2015

Algo pasó en noviembre y no dije nada.

Es verdad, no lo dije. Se me pasó por completo y fue algo verdaderamente grande, muy en la línea de los grandes logros que fui documentando hace algunos años en este blog. Puesto que recientemente estoy volviendo a volcarme mucho en este sitio, me parece justo dejar constancia con un pequeño resumen del increíble logro que alcancé el pasado noviembre.

A lo largo de ese mes participé en la iniciativa NaNoWriMo (National Novel Writing Month, mes nacional de escritura de novelas). Se trata de un reto que empieza el 1 de noviembre y que consiste en escribir un mínimo de 50 000 palabras de una novela antes de que finalice el mes. No es estrictamente necesario terminar la novela, la meta consiste en alcanzar esa cifra de palabras escritas (o, en caso de no conseguirlo, llegar lo más lejos posible).

La historia de NaNoWrimo —al menos mi historia personal— se remonta a 2013, cuando le propuse a mi hermano pequeño (bueno, no es mi hermano, pero como si lo fuera) que se apuntase conmigo a este reto para realizarlo juntos. A ambos nos pareció una gran idea porque somos escritores aficionados y un reto tan interesante no podía despertar una reacción menos impetuosa en nuestras conciencias literarias. Así que nos comprometimos a ello y, al año siguiente, llegado el mes, nos pusimos a escribir.

Lo logré. Me costó, especialmente la recta final, ya que tuve varios días poco productivos escribiendo y tuve que hacer un sprint de 10 000 palabras el último fin de semana para terminar dentro del mes. Fue una última jornada muy dura, escribiendo sin parar, con muy poco convencimiento debido a la dudosa calidad de aquel borrador atropellado, pero sin duda mereció la pena. Recuerdo con claridad el momento en que, por fragmentos, copié el texto íntegro en el contador de palabras de la página... y me dio error. Al parecer, el contador de palabras de Word no está calibrado igual que el empleado por esta organización y mi texto no llegaba a las 50 000 por un poquito. Escribí rápidamente una frase muy larga para llegar a las 50 100, volví a copiar todo el texto por fragmentos en el contador y, esta vez sí, se abrió una nueva ventana en la que se me anunciaba que había superado el reto.

Y... Oh, esperad. Me doy cuenta de una cosa. Del mismo modo que no había anunciado antes la victoria en NaNoWriMo 2014, tampoco he llegado a decir qué es lo que escribí.

¿Qué novela escribió Phaustho en noviembre de 2014?

Curiosa pregunta, tanto como las respuestas que pueden darse. Teniendo en cuenta la hora a la que escribo este texto y lo mucho que quiero (y necesito) descansar, contestaré a esa pregunta en otro momento. Puedo garantizar, ya que dejo a los lectores con la expectación, que la respuesta será larga y concienzuda, explorando cuantos matices se me ocurran o considere oportunos para dejar a todo el mundo satisfecho.

Si, por casualidad, alguien pasa por aquí antes de que escriba la próxima entrada, invito a todo el mundo, lectores y lectoras y bots rusos del blog, a escribir alguna sugerencia o pregunta en los comentarios que queráis que conteste sobre mi última novela (oficialmente es la segunda que termino si no contamos, como ya dije hace mucho tiempo, un cuento de 30 páginas que escribí de niño titulado "James, Ben y la máquina del tiempo"). Añadiré vuestra pregunta a la contestación que elaboraré próximamente, tratando vuestras cuestiones en paralelo a las que ya tengo pensado desarrollar.

Eso es todo por ahora. Buenas noches a todos/as y gracias por vuestra atención.

A los bots rusos: niet, vodka, da.