viernes, abril 24, 2015

¿Hasta qué punto es mejor?

Como comenté en mi anterior entrada, al empezar con mi segundo libro y plantearme lo que quería lograr con aquella historia, decidí cambiar el formato de relato corto a novela.

Si bien estoy buscando así optimizar el aprovechamiento del potencial argumental, hay que tener en cuenta que, pensándolo en profundidad, la capacidad de trascendencia del formato es igualmente limitada en la actualidad.

Y así introduzco una tesis: ya no se escriben grandes obras de la literatura. El producto editorial ahora no es más que eso: un producto. Un bien de consumo.

¿Qué se estudia ahora en las escuelas cuando se habla de literatura contemporánea? Me consta que hay un BOE (pág. 378) que enumera, entre sus contenidos, diversas vertientes literarias desde el s. XX hasta nuestros días y que hay centros en lo que se estudia literatura de la segunda mitad del s. XX, como puede ser "La casa de los espíritus" (1982) de Isabel Allende. Incluso algo un poco más reciente: "Olvidado rey Gudú" (1996) de Ana María Matute (éste no lo he leído, pero conozco el nombre y seguro que casi todo el que pase por aquí y lea esta entrada podrá posicionarse como lector o conocedor del título).

El temario en muchos de estos casos aporta unas introducciones a la literatura contemporánea que me traen a la cabeza el término "oligopolio": diría que muchos, aunque no todos, han cerrado bandas alrededor de un discurso pactado. Este discurso defiende una serie de puntos:

i) que la literatura de los últimos 30 años se caracteriza por el abandono de la experimentación, la linealidad temporal, la abundancia de diálogos y un claro objetivo principal de enganchar al lector;
ii) que marca la hegemonía de la novela como formato y el desarrollo de subgéneros narrativos como la novela negra, la novela de aventuras, "la novela sentimental para mujeres" (estas comillas me parecen harto necesarias para la cita, sacada del temario de un instituto);
iii) que en la actualidad cobran especial importancia premios literarios —al menos a nivel nacional— como el Planeta, el Nadal, etc.

Del mismo modo, más allá de esta introducción, la teoría que estudian los jóvenes de Bachillerato sigue unas pautas:

i) apenas se ahonda en las características del estilo literario de los autores de referencia (resumiendo todos los rasgos en un único párrafo o frase), por no decir que la teoría se limita a enumerar autores y algunas de sus obras más conocidas (vendidas, exitosas comercialmente);
ii) se habla de dichos autores con comentarios simplones como "están teniendo mucho éxito";
iii) se hace referencia a los autores y obras contemporáneas de manera sesgada y parcial, empleando calificativos que cuestionan la validez o relevancia de las obras o las menosprecian (hablar de obras que son un "acertado intento").

¿Qué podemos concluir a partir de todos estos indicios? Que desde la enseñanza se da un trato muy distinto, casi discriminatorio, a la literatura contemporánea. Y no hablo de la producción de esta década, sino fácilmente del material publicado en los últimos 30 años. ¿Se trata de un juicio justificado? Podría ser; no me cabe duda de que en la actualidad hay muchas obras que cosechan grandes éxitos pero no por la calidad literaria, sino por la difusión que han tenido, la viralidad alcanzada en la era de la información. Ahora bien: ¿acaso no hay libros buenos? Si un libro se convierte en best-seller, ¿pierde el privilegio de ser considerado una gran obra literaria?

¿Será que lo que tenemos ahora no son grandes obras, sino grandes productos? Ahora todo tiene que venderse bien y mucho. Todo el mundo quiere escribir, todas las editoriales quieren tener su best-seller, los manuscritos van y vienen del correo a la basura porque hay tanta saturación que ya casi no se aceptan; todos quieren ganar un premio literario y que éste se mencione en una solapa de plástico sobre la sobrecubierta de tu edición de tapa dura, vender muchos ejemplares, una octava o novena o décima edición... ¿Alguien se imagina una librería a finales de los años setenta, con una edición de "Cañas y barro" expuesta en la que una solapa de plástico anuncie "la obra original llevada a televisión", con una foto del reparto y el logotipo de TVE?

Entonces, ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿Hacia dónde me dirijo yo? ¿Qué puedo conseguir a día de hoy publicando un libro? Yo sé lo que quiero aportar, pero no sé si el panorama actual me hará un favor. En el hipotético caso de que logre publicar un libro y tenga éxito, ¿qué cabe esperar? ¿Que sea considerado un "buen libro"... o un "best-seller"? Yo prefiero el primer término, pero como ya he explicado un poco más arriba, parece que ese tipo de valoraciones no son viables con una obra producida después de los años 90.

Así pues, parece que la decisión de convertir una idea para relato corto en una novela sólo me da la opción de tener éxito comercial, pero no un reconocimiento a la calidad literaria. Por otra parte, más allá de la realidad superficial que envuelve el mercado literario actual, descartar la opción del relato corto sigue pareciendo obvia: la difusión de este formato de textos es mucho menor en la actualidad y, siendo una obra aislada, difícilmente podría conseguir una buena difusión a nivel editorial.

Así que como libro se queda. Aun así, no puedo dejar de preguntarme: ¿hasta qué punto es mejor?

Espero que esta lectura os haya resultado interesante. Como ya comenté anteriormente, estaré encantado de responder a cualquier duda o cuestión que queráis plantearme a través de los comentarios. (Especialmente después de esta entrada, puesto que he dejado muchos interrogantes que no quería desarrollar más en el texto ante el riesgo de hacer otra entrada kilométrica tan pronto).

Un saludo para todos/as.

2 comentarios:

Bettie Jander dijo...

Yo creo que el relato está muy poco valorado. A mí, particularmente, es un género que me gusta mucho leer. No sé qué ofrecen las novelas que no ofrezca una novela a nivel lector, la verdad.

Y es cierto que las cosas están cambiando, que se ha dado un giro brutal hacia la publicidad, y que se publican cosas que se sabe que venderán, sin más. Que un libro esté respaldado por un sello editorial ya no es garantía de su calidad literaria. En fin.

Tu libro, tus normas. :)

Adri Phaustho dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, Bettie. En España no tenemos una cultura del relato, más allá de las antologías de autores ya consagrados o el rincón creativo ocasional en la página de opinión del 20minutos que te regalan en la puerta del metro.

A mí me preocupa mucho el tema de la calidad literaria. Admito que me gustaría ser escritor de manera profesional y ganarme la vida con ello, pero mi motivación principal para escribir es ofrecer algo que valga la pena y que pueda quedar para la posteridad. No me llama tanto el momento best-seller como hacer una contribución a la cultura. Y, efectivamente, ahora las cosas están cambiando. Y me pueden las dudas sobre ese escenario publicitario y comercial.

Nuestros libros, nuestras normas. ;)