sábado, septiembre 01, 2007

Historias de un hombre (III)

La fontanería ha sido un desastre. Le ha quedado claro dos minutos después de empezar a hablar con el jefe del negocio, un hombre cuarentón, algo obeso y con una calvicie bastante pronunciada.

-Entonces dice que lleva más de siete años fuera del oficio, ¿no? ¿Cree que se encuentra en condiciones de empezar cumpliendo las exigencias de rendimiento?

Con esa pregunta, el hombre ha dejado claro lo que pretendía expresar con ese eufemismo: lleva demasiado tiempo inactivo, está oxidado. Él lo asume rápidamente, y busca el otro recorte de periódico en el bolsillo. Cuando lo tiene en la mano, cierra el puño dentro del bolsillo, intenta que la entrevista se acorte lo máximo posible y le dirige una mirada al fontanero en la que ambos entienden que todo ha sido una pérdida de tiempo.

A la salida del establecimiento, piensa en ella. Se ha fijado muy bien en su imagen, y su boca se le ha quedado grabada a fuego en la memoria. Una boca sugerente, provocativa, excitante, sensual, pícara… Algo sublime, aunque a la vez le hace sentir ridículo por babear de esa forma. Ya está bastante hundido en la desgracia como para, además, tener que admitir que babea con cualquier chica joven que reúne un mínimo de requisitos para provocarle una erección y una explosión de la libido.

La mañana avanza rápidamente mientras se dirige al segundo destino, una ferretería que necesita un dependiente. Este anuncio lo había guardado para el segundo lugar porque, muy probablemente, esté peor pagado y las condiciones de trabajo sean peores. Sin embargo, teniendo en cuenta el duro golpe que ha recibido su autoestima tras la negativa muda del gordo calvo, le parece una opción más que razonable. Entrecierra los ojos debido a la luz solar, mira el reloj y entra en la primera cafetería que encuentra: se le ha hecho tarde, y es muy probable que no encuentre la tienda abierta.

Sólo quedan 15$. Una triste cerveza ha chupado los céntimos sueltos que quedaban del capital de este mes. En cierto modo ha sido un gasto inútil, pero no será algo que lamentar más adelante. Ahora mismo hay otras que merecen más atención, como el hecho de que estar buscando empleo en su situación actual le hace sentirse como la noche anterior. Se siente desnudo y humillado sentado en la barra de la cafetería, como si estuviese en ropa interior a punto de acostarse. Vuelve a pensar en la chica, pero esta vez no se siente patético. Siente que el breve contacto que han mantenido en el rellano del bloque de apartamentos ha sido algo más que “breve”… tal vez “profundo” sería un adjetivo adecuado…

Hace demasiado tiempo que no siente algo así… ¿Cómo reaccionar a semejantes impulsos? ¿Qué es lo que siente exactamente?

Sale de la cafetería, mira el reloj. Decide volver a casa e intentarlo de nuevo por la tarde. Le cuesta ser optimista; parece que mirar al futuro y pensar que las cosas pueden salir bien supone un reto insuperable para él.

Continuará...

3 comentarios:

Lolo dijo...

Por fin la tercera parte y ya está deseando de leer la 4ª. Según voy leyéndote en esta "Historia de un hombre" te me pareces más a Santiago Roncagliolo en su novela "Pudor". Tenéis un estilo parecido y una visión del personaje (en esta novela) muy semejante. Gracias por tu apoyo en mi blog. Gracias a tí por poner estas cosas en el tuyo. Gracias

luis dijo...

Hola te acabo de descubrir en el blog de VALMON y a mi tambien me ha enganchado tu historia, tienes un estilo muy interesante,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,sigue asi........

A ver si me das tu opinion de el mio de literatura, poesia y relato breve.................
Te seguiré la pista....yo tambien soy valenciano, aunque despues de casi 10 años en zaragoza....ya no se muy bien que soy.

Cuidate

Adri Phaustho dijo...

La 4º parte ya está escrita, pero aún hay que esperar para poder leerla, jeje.

Me alegro de que os guste, y luis, visitaré tu blog, no lo dudes.

Saludos!