domingo, enero 13, 2008

Historias de un hombre (VII)

Con 95$ puede hacer más cosas de lo esperado. No es difícil encontrar un buen sitio para cenar por unos 45$ por cabeza, así que vuelve a casa con un inusitado buen humor iluminándole el rostro. Se sienta en el sofá y se acuerda de algo: la lista de la compra. La cena tendrá que costar un poco menos de dinero…

Al volver del supermercado, lo primero que hace es beber un poco de leche; después, mete la botella de plástico en la nevera y recoge un poco la casa. Está todo bastante sucio; hace mucho que no se limpia, y hay polvo acumulado. El plumero ayuda a quitar la capa más superficial, aunque no todo se va. Sigue limpiando y limpiando durante un buen rato, aunque el resultado no es totalmente satisfactorio. Hay demasiado que hacer como para poder dejarlo todo arreglado en tan poco tiempo.

Sí, parece que la suerte ha empezado a sonreirle después de tantos meses de abandono, de soledad, de frustración, de infortunio, de tristeza… Recuperarse después de las turbulencias a las que se ha enfrentado no es una tarea precisamente fácil. Después de una frugal cena, se desnuda y se tumba en la cama. Recuerda a su mujer, su ex-mujer; recuerda a su hija, casi ex-hija por la falta de contacto… Es lo que más le duele de entre todas las penurias que ha enfrentado: la separación de su hija, a quien apenas ha podido acunar unas veces entre sus brazos. Sí, parece que la suerte ha empezado a sonreírle… pero aún es pronto para poder acostarse sin sentirse afligido.

Sam llega pronto a la ferretería. Él ha cogido el autobús para ir al trabajo y, al no conocer las líneas del transporte ha llegado con unos minutos de retraso. Lo primero que hace es pedir perdón repetidas veces por el retraso, pero el ferretero le contesta tajantemente:

-¿Estás tonto o qué te pasa? Has llegado menos de diez minutos tarde; no es algo grave. Mejor dicho, es una soberana gilipollez.

Él se ríe. Le encanta este hombre. Sam es verdaderamente sencillo y tajante; todo lo que dice es una verdad como un puño y una muestra de clara aversión a la etiqueta y las apariencias. Es la naturalidad personificada… y siempre parece feliz. Eso es lo que más le gusta: esa felicidad que irradia a cada instante, como intentando hacerle ver al mundo que cualquier problema que se tenga puede ser reducido a una insignificancia insignificante.

Tal vez es por eso que él se siente tan bien trabajando en esa ferretería; dos personas, dos personalidades, una complementación perfecta… Mientras pasa un viejo trapo por el mostrador para quitar el polvo, se da cuenta de una cosa: en cierto modo, aunque su aspecto sea el de un tipo duro, atractivo y peligroso, en el fondo es una persona excesivamente sensible y poco adaptable, que se hundió en un momento de su vida y quedó sumergido en la trágica situación en la que se encuentra ahora… aunque parezca que Sam pueda serle de ayuda a la hora de salir del agujero en el que está metido. Igual que ella.


Continuará...

1 comentario:

Lolo dijo...

Gracias por otra entrega de Historias de un hombre. A esperar a la siguiente