jueves, junio 12, 2008

Historias de un hombre (XI)

Perdón por haberos hecho esperar. Aunque pasa por 44 minutos, digamos que esta parte del relato la he publicado hoy, día 11 de junio de 2008, como "regalo de cumpleaños" para Merche, la mamá de Mª Carmen. Espero que te guste, y antes de que se acabe este mes colgaré la siguiente y última parte de "Historias de un hombre". (La entrega nº11 corresponde al mes pasado, de modo que para ponerme al día incluiré la 11 y la 12 este mismo mes en el blog).

Saludos a todos y perdón por las molestias.

Cuando eres un cuerpo desnudo que está junto a otro cuerpo en igual situación, ambos tumbados en una cama y uno encima del otro… ¿acaso importa el resto del mundo? Él no tiene espacio en su mente para otra cosa. Ella, la verdad, tampoco. Hay que dejarse llevar.

Desde la entrada del dormitorio, unos vaqueros y unos zapatos de tacón observan como ella contesta una intensa mirada con otra igual; todo se responde en el perímetro delimitado por el colchón: besos, caricias. Un gemido discreto y muy sensual desata sentimientos incontrolados del mismo modo que un fuelle gigantesco es capaz de avivar el fuego de una caldera.

Desde la cómoda donde normalmente él deja –o al menos dejaba- el dinero con el que llegar a fin de mes, una camisa de hombre ve cómo dos personas se funden en un solo ser, un ente con cuatro ojos, cuatro orejas, cuatro pies, dos bocas, dos lenguas, dos caderas, muchos dientes, muchas hormonas, mucha saliva, mucho sudor (no un sudor desagradable, sino uno que puede llegar a parecer aromatizado debido a la situación),… mucho “mucho”.

No es una ocasión para un “te quiero” digno de cualquier película romántica (preferiblemente hollywoodiense); el turno del sentimentalismo llegará dentro de varias horas, cuando el sol empiece a iluminar la habitación y uno de los dos juguetee con el pelo del otro que aún duerme. De momento sólo se aceptan los “bésame” como únicas expresiones capaz de fusionar el amor y el sexo… Y se besan, se besan con ansia, como si el mundo y a estuviera a punto de acabarse y en apenas segundos el techo fuera a derrumbarse sobre la cama, se acarician, él acaricia su cuello con la mano y luego la desliza por el pecho, marcando el camino que trazan sus dedos con los labios, por el abdomen, explayándose con el ombligo y, finalmente, con el borde elástico de la ropa interior.

Ella le ayuda, se lo pone fácil para terminar de desnudarla. Apenas unos segundos después, la ropa interior de los dos yace sobre el suelo, junto a la cama, a poca distancia de los zapatos. Él la coge por la cintura, se desliza entre sus piernas, la mira con deseo y ella lo mira y asiente; sólo entonces él da un paso más, un paso por el cual ella abre primero los ojos debido al dolor y los cierra después cuando la sensación se transforma en placer. A partir de ese momento se inicia un vaivén rítmico, lento al principio y más rápido después, cada vez más vertiginoso y acelerado, hasta el punto en que la cama empieza a resentirse y se mueve al compás de los cuerpos unidos entre las sábanas, los gemidos y la respiración entrecortada.

Y, cuando los ríos de la adrenalina y la pasión desenfrenada vuelven a su cauce, él la abraza y le apoya la cabeza contra su pecho; ella sonríe, se siente muy cómoda, protegida, querida. Ambos se duermen acariciándose con suavidad. Una suavidad que se apaga sutilmente, dejándolos en brazos de Morfeo hasta el amanecer.

Continuará...

martes, mayo 20, 2008

Inspiración del momento: "El reloj maldito"

Pedro mira el reloj de pulsera y lo agita con brío. Está parado. "¿Cómo es posible? ¡Las pilas son nuevas!". Y vuelve a agitar el brazo . Se pega el reloj a la oreja, intentando oír los característicos ruiditos de la maquinaria del pequeño cacharrito... Pero no hay nada que oír.

El precioso reloj de maquinaria suiza mira a Pedro a los ojos en actitud desafiante. Y parece que ha olvidado con quién está tratando, porque su dueño... trabaja en una relojería.

A última hora de la tarde, antes de cerrar, Pedro se sienta en la trastienda, reloj de pulsera en mano, dispuesto a cambiarle la pila, a desmontarlo si es necesario. Después de abrirlo y sacar la batería, un ruido le impide diseccionar la compleja escultura mecánica de engranajes y tuercas. Pedro le da la vuelta al reloj... y ve cómo el segundero se mueve.

El relojero, desconcertado, vuelve a colocar la tapa del compartimento para las pilas y comprueba de nuevo las manecillas. Aun sin pila, el segundero se sigue moviendo. Durante unos instantes, los ojos del sorprendido hombre se abren como platos observando el endemoniado reloj, que lo mira cual máquina programada para matar que carga su disparo letal moviendo las manecillas.

Y, sin saber qué otra cosa podría hacer, Pedro pone el reloj en hora, se lo ajusta en la muñeca, cierra el negocio y vuelve a casa satisfecho con la provechosa jornada de hoy... y con el económico reloj de pulsera que lleva puesto.


· · ·

Este texto lo he inventado sobre la marcha... Espero que os guste para ir llenando el buche hasta que ponga la nueva (y penúltima) entrega de "Historias de un hombre".

¡Saludos a todos!

jueves, mayo 01, 2008

Siempre hay una primera vez para todo...

Hace algún tiempo mencioné mi participación en un concurso organizado por el IES Pedro Jiménez Montoya de Granada. Y, tal y como imaginaba (en parte), no he ganado. Tampoco he quedado finalista, al igual que una amiga que también se presentó.

Sin embargo, a pesar de este estrepitoso (pero insignificante) fracaso, no tengo intención de desistir; cuando encuentre otro concurso interesante, me presentaré. No me cabe duda.

Saludos!

martes, abril 29, 2008

Historias de un hombre (X)

Al final se decide por una opción segura: un bonito y acogedor restaurante italiano. Limpio, ajustado a su presupuesto, con personal bien uniformado y servicial… Además, lo bueno de los locales como éste es que, al que no le gusta la pasta (cosa extraña), le gusta la pizza. O al menos así sucede en los tiempos que corren; en cualquier otro caso, siempre se puede recurrir a alguna otra especialidad como el carpaccio o similares.

A ella le gusta el sitio, y se pasa la mayor parte del rato sonriendo. Mientras esperan a que traigan la comida, no para de contarle todos los motivos por los que decidió dejar Ohio. Sin embargo no se lamenta de todas las desgracias que dejó atrás, sino que lo asombra con todas las aspiraciones con que dejó su casa.


-Eres una chica emprendedora, eso me gusta.


-Vaya, gracias. Tú tampoco te quedas atrás.


-¿Qué te hace pensar eso?


-Bueno, el hecho de que esta cena haya salido adelante no se debe a un milagro del Espíritu Santo ni nada parecido.


-…Je. Sí, supongo que tienes razón.


Después de un rato hablando, él le coge la mano por encima de la mesa. Lo hace con mucha naturalidad y confianza, porque cuando la mira a los ojos tiene la sensación de que ha estado deseando que él tomase esa iniciativa desde la primera vez que se cruzaron en las escaleras del edificio. Ella, sonriendo, le premia ese acto de valentía con un corto beso en la boca. Un beso breve pero intenso, que expresa muchas cosas a la vez, como “no sabes las ganas que tenía” o “reservo lo mejor para después”. Muy motivador, sin duda.


El resto de la velada transcurre con normalidad. Sin embargo, los distintos platos del menú quedan aderezados por un conjunto de insinuaciones y gestos muy significativos que logran acelerar el ritmo de la cena; cuando se dan cuenta, ambos están devorando el postre como si la impaciencia les apremiase a salir de allí incluso sin pagar la cuenta en caso de ser necesario recurrir a tales extremos.


Finalmente, al acabar la cena, ella sale del restaurante mientras él paga la cuenta. 92,95$, una cifra un tanto comprometedora para él debido a su aún mala situación económica. Sin embargo, cuando coge las monedas del cambio y las guarda en el bolsillo de su pantalón, no piensa en lo mal que va a estar hasta que cobre; por su cabeza sólo ronda una idea, y está personificada en la acera frente al italiano. Ya tendrá otros momentos para pensar en esos temas.


Al llegar al bloque de apartamentos, suben los peldaños rápido. Ella se tropieza una vez, y él la ayuda a recuperar el equilibrio riendo bajito. El eco de sus pisadas retumba por todo el recinto, hacia arriba y abajo por el hueco de la escalera. Él saca las llaves del bolsillo, abre la puerta, la empuja hacia dentro, deja que ella pase y cierra tras de sí.


Cuando se da la vuelta, ella lo mira sonriente.

Continuará...

miércoles, abril 16, 2008

"Regálame una luna"

Este texto lo publiqué originalmente el 9 de septiembre de 2006 en www.el-recreo.com, es decir, escribí esto con 15 años... Y, en mi opinión, es el mejor texto que guardo de aquella época. Sin embargo, me gustaría que los lectores diéseis vuestra opinión personal sobre él. Espero que os guste.
· · ·
-¿Por qué me pides estas cosas a mí?
-Pues porque eres la única persona en la que puedo confiar, y sé que siempre puedo decirte todo lo que pienso.
-Marta, me parece genial que pienses esas cosas tan bonitas, pero yo no puedo conseguirlo todo.

Y Marta agachaba la cabeza y, de repente, empezaba a llorar. Siempre hacía lo mismo; cuando no le gustaba lo que le decía su padre, se convertía en un surtidor de lágrimas. Su padre, al ver que se ponía a llorar, pasaba su brazo por encima de los hombros de su hija y la atraía hacia él para poder consolarla.

-Lo siento, Marta. Sabes que, si por mí fuera, lo haría, pero me va a costar mucho. Es más, creo que no se puede hacer.
-¿Cómo que no se puede? ¿Tanto te cuesta a ti coger una? Porque a mí, con cerrar un ojo, me basta.
-Pues esta noche, vuelvo y me lo muestras, ¿vale?

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A través de la rejilla de la ventana, la luna se mostraba en su totalidad, esplendorosa, en medio del mar de estrellas que cubría el cielo añil. Marta, con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, contemplaba el cielo junto a su padre, que estaba arrodillado con ella a los pies de la ventana.

-Pues yo creo que hay, como mínimo, treinta y una lunas.
-¿Y eso? ¿Cómo lo has averiguado?- decía su padre, verdaderamente fascinado ante la genial afirmación de su hija.
-Porque, cada noche, la luna es distinta. A veces se ve como un círculo blanco, pero la mayoría de las veces parece una "c"...
-Qué chica más lista... Venga, enséñame cómo haces tú para cogerlas.
-Es fácil, cierras un ojo y pones la mano delante de tu cara como si fueras a cogerla. Entonces la luna se encoge y se te queda entre los dedos. Lo que pasa es que, cuando cierro la mano para cogerla, es como si no estuviera ahí. Inténtalo tú, a ver si a ti te sale bien.
-Bueno, puedo intentarlo.

El padre de Marta cierra un ojo y su campo de visión se reduce considerablemente. Cuando la luna está justo delante de él, forma una "c" con los dedos pulgar e índice y rodea la silueta de la luna, como si la estuviera sujetando con dos dedos.

-Ahora, aprieta, a ver si la coges- dice Marta, que lo mira emocionada.

Los dedos se tocan. El padre abre los ojos y contempla su mano abierta, vacía. Su hija lo mira con una expresión muy triste y dice:

-Tú tampoco puedes cogerla, ¿verdad?
-Bueno, podemos intentarlo otro día. A lo mejor, lo que pasa es que sólo se pueden coger las lunas de unos días; otras a lo mejor no se pueden coger, como la de hoy.
-...Papá, por favor: regálame una luna.
-Por supuesto, cariño. Mañana mismo te traeré una luna.
-Prometido, ¿vale?- dice Marta; las palabras que acaba de dedicarle su padre han bastado para hacerla sonreir de nuevo.
-Prometido.

Diez minutos después, el padre de Marta se aleja, montado en su coche monovolumen, del hospital psiquiátrico.

jueves, abril 10, 2008

OK Computer

Bueno, sigo haciendo cosas hoy para quitarme el mono del blog. He ido a comprar un regalo de cumpleaños y, qué casualidad, en la Fnac he encontrado un CD que llevo meses buscando pero que siempre que iba a por él estaba agotado. Hoy he conseguido el último ejemplar y ahora mismo estoy escuchando "Paranoid android", la segunda canción del disco (el primer single del álbum y una de las mejores canciones de este grupo desde mi punto de vista).

Para los que no lo conozcan, Radiohead es un grupo británico cuya carrera empezó en los 90 con el álbum "Pablo Honey" publicado en 1993 (OK Computer es del 97). Desde sus inicios este grupo ha evolucionado muchísimo, empezando como un grupo rock destinado a tener una única canción exitosa ("Creep") para acabar siguiendo un estilo alternativo con toques electrónicos muy elaborados y definidos en su último disco, "In rainbows". Si tenéis tiempo, os recomiendo que al menos escuchéis alguna de las canciones que menciono en esta entrada (podéis probar también con otras como "All I need", "Karma police", "There there", "Life in a glass house"...).

¡Saludos a todos!

Más cosas para el blog (IV)

Nuevo look para el blog. No sé, hoy me apetecía hacer cosas aquí y, antes que escribir cualquier texto estúpido como pretexto, he preferido hacer reformas.

He optado por un fondo negro y una gama de colores poco chillones (de ahí el color verde pastel de la letra, porque el verde fosforescente -aunque queda muy "Matrix"- duele a la vista) para que no os dejéis los ojos leyendo lo que escribo aquí. También he cambiado el estilo del contador de visitas (este me convence más y pega con el nuevo estilo de la página).

Decir que ya estoy trabajando en la décima parte de "Historias de un hombre" que saldrá este mes. Esta puede que sea probablemente la antepenúltima entrega de este relato breve (en versión Word apenas ocupa de momento 9 páginas, así que se puede considerar breve). Además, voy a intentar dedicarme mucho más a publicar relatos y demás creaciones por aquí (aunque, si veo películas o leo libros que me marquen mucho, también seguiré haciendo "reviews" como siempre).

Saludos!

miércoles, abril 09, 2008

"Un sorbo de té"

La duda lo estaba matando por dentro, así que se preparó un té para relajarse. Le gustaba mucho, pues era una bebida que, en momentos de tensión, le ayudaba a sosegarse y a hallar la solución de sus problemas.

Sin demasiado interés cogió una bolsa de entre las muchas que guardaba en la despensa y se percató de que la variedad designada por el azar había sido el exquisito Darjeeling, una de las mejores variedades de té negro conocidas.

Mientras la tetera se calentaba, el problema le llegó de nuevo a la cabeza; parecía que la relajante labor de preparar el té poco podía hacer contra aquella taladrante inquietud de la que no conseguía desprenderse.

Cuando la taza estuvo por fin lista y dio el primer sorbo, una duda despertó en su interior. Rápidamente, fue al ordenador del comedor y buscó información sobre Darjeeling. Resolvió su duda: el té en cuestión proviene de la India.

Así, una vez resuelta su curiosidad, regresó a la cocina y tomó un sorbo de té. Después salió al jardín, a la calle, al jardín del vecino de al lado, mató al dichoso perro con una pala y volvió a su casa. Fin de la infusión.

lunes, marzo 31, 2008

Historias de un hombre (IX)

Después de una ducha rápida (pero a conciencia), se arregla lo mejor que puede. Cuando, después de mirarse al espejo, sonríe, no está pensando ni en su pasado, ni en sus demás quebraderos de cabeza, ni en el proyecto de comprarse un ordenador o un reproductor de MP4. Su mente está colapsada con fotocopias de una única cara, un rostro femenino y joven con el que comparte escalera y que despierta muchas cosas en él.

Mira el reloj. Aún falta media hora para que pueda bajar hasta su puerta y tocar al timbre; seguramente aún estará arreglándose para la cena. Aprovecha el momento para acercarse a la cocina y mira un puñado de papeles que tiene encima de la mesa. Como tiene la costumbre de acumular ahí las facturas para ir haciendo cuentas (consecuencia de su escaso presupuesto), cada pocas semanas el mueble está cubierto de cartas, papeles doblados en tres partes y propaganda que recoge del buzón pero que nunca se acuerda de tirar a la basura. Al acercase a la mesa, se olvida por completo de esos incómodos recibos y papeles con cifras a pagar y junta los catálogos en un montón, de los cuales varios corresponden a cadenas de tiendas de informática. Todos tienen ofertas muy interesantes de ordenadores nuevos que se pueden pagar a plazos y unos reproductores de música a muy buen precio… Se acerca al banco de la cocina, donde tiene una lata con varios bolígrafos y rotuladores; coge un permanente negro y rodea con gruesos círculos los dos aparatos que más le gustan. Después, organiza el montón de correo y conserva las facturas, el catálogo marcado y un folleto de su compañía telefónica para consultar en otro momento servicios de Internet.

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien como en aquel instante, poco antes de una cita con una chica sumamente atractiva con la que estaba dispuesto a renovar su vida, una vida que había estado sumida en la pobreza y la soledad desde que su hija y su mujer se habían esfumado de su mapa, dejándolo aislado como una triste isla perdida en la inmensidad del Pacífico. Pero eso se había acabado: no estaba dispuesto a seguir así, dejándose llevar por unas corrientes que lo único que conseguirían sería hundirlo aún más en una negrura abisal que lo aprisionaría y lo mantendría atado con unas dolorosas cadenas al abismo de aquella noche oscura en la que, desesperado, se había visto como un despojo sentado en su cama con unos calzoncillos viejos.

Ya no más noches deseando que todo acabase. Ya no más lamentos. Ya no más dolor. Ya no más soledad. Su hija le sonríe en la mente, su pequeña e inocente hija que de nada tenía culpa… Ya no tendría que sufrir por ella: ahora era alguien nuevo, alguien optimista, alguien que iba a rehacer el descompuesto puzzle de su existencia con el apoyo de un pequeño rostro sonriendo -en vez de llorando- desde el cielo de su pensamiento.

Ahora, la cita.

Continuará...

jueves, marzo 13, 2008

El primer paso

Bueno, de alguna forma había que empezar.

Tengo un libro escrito (en fase de corrección intensiva) con el que de momento no voy a hacer nada. Sin embargo, por distintos motivos, me he animado a dar un primer paso en mi ilusa carrera como escritor de futuro muy negro o directamente inexistente.

He escrito un relato breve, titulado "La fotografía", el cual he presentado al 2º Premio nacional de poesía y relato corto para jóvenes escritores organizado por el IES Pedro Jiménez Montoya. Obviamente, voy a por todas (si no, no me presentaría al concurso). Sin embargo, sé que hay mucha gente con más talento que yo y admito que mi texto no es ninguna maravilla... Vamos, que sé que mis posibilidades de ganar son muy pequeñas.

Aun así, yo seguiré esperando con nerviosismo el fallo del jurado.

Saludos!

viernes, febrero 29, 2008

"Entre dos aguas" de Rosa Ribas


Este es uno de los últimos libros que me he leído y, a juzgar por mis recuerdos, es el primer libro de género negro que leo en mi vida (quitando los de Preston/Child). El libro me ha dejado muy sabor de boca ahora que ya me lo he terminado y me gustaría comentarlo un poco más en profundidad para ver si así a alguien le interesa y se lo lee.

La trama del libro sigue la línea de una novela negra: un caso por resolver (un gallego ahogado en el Meno), un círculo de sospechosos y una comisaria que tiene que hallar al culpable con ayuda de sus compañeros. Rosa Ribas va, sin embargo, un poco más lejos de esta estructura y se adentra en el tema de la binacionalidad y la emigración (la protagonista, la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, es mitad alemana y mitad española). Cornelia se verá envuelta en un caso que la involucrará por completo debido a la presencia de su madre y de toda la comunidad emigrante española, lo que crea situaciones atípicas en estos libros que resultan muy interesantes.

La constelación de personajes no es particularmete compleja (Cornelia y su familia, la familia de la víctima, el personal de la comisaría,...) pero todos tienen sus peculiaridades. Mi personaje favorito es Leopold Müller, pues es el claro ejemplo de policía aplicado y servicial que sabe agradar a sus superiores sin ser presuntuoso ni empalagoso, lo cual le da una personalidad muy caracterísitica. Aunque el retrato de Müller puede parecer muy arquetipo (como el de otros personajes, véase Juncker), pero los personajes de mayor relevancia tienen un aspecto mucho más único (como la nariz de la comisaria que la acompleja) que hace que conocerlos a lo largo de la obra sea hasta cierto punto intrigante.

La estructura de la obra es más bien peculiar, en lo que respecta a la evolución de la intriga. El libro se centra mucho en la vida de la protagonista y en su conflicto de identidad, de modo que la investigación es más bien lenta y poco productiva hasta el último tercio de la obra (las últimas 100 páginas son vertiginosas). Esto tiene sus pros y sus contras: lo bueno es que, cuando parece que el libro se va a acabar y que el caso no quedará resuelto del todo, la trama se agiliza y te engancha; lo malo es que, en mi opinión, acaban faltando unas 10-15 páginas para desarrollar la escena final de "descubrir al criminal", ya que todo se resuelve de forma muy rápida (eso sí, sin dejar cabos sueltos). Aun así, el final no es malo; puede que un poco corto, pero a mí me dejó igualmente con muy buen sabor de boca.

Conclusión: "Entre dos aguas" es un libro que merece la pena leer. Es una buena novela negra que sabe fundir perfectamente una trama estándar con un elemento innovador que resulta muy atractivo y que enriquece el texto muchísimo. Una forma recomendable de invertir 15€.

Saludos.

viernes, febrero 22, 2008

Historias de un hombre (VIII)

La mañana se pasa rápido y él vuelve a casa en autobús, como de costumbre, para comer allí y volver al trabajo por la tarde. Durante el recorrido, se fija de vez en cuando en algún restaurante que ve desde la ventanilla y que llama su atención, aunque no lo hace con demasiado entusiasmo; el sitio no es lo que más le importa… De hecho, está seguro de que a ella tampoco le importa tanto como podría llegar a parecer.

Al llegar al bloque de apartamentos, le parece verla entrar en su piso mientras él sube las escaleras. Lástima; si hubiese llegado un poco antes, quizás se habrían cruzado. De todas formas, él tiene hambre, así que sube a casa para comer algo. La nevera ruge más que su estómago: está casi vacía, excepto por la acostumbrada gran botella de plástico de leche. Se prepara lo que puede con la comida que queda sin comerse demasiado la cabeza: el día le ha ido lo suficientemente bien como para no querer atormentarse con las desgracias constantes que le depara la vida… por mucho que éstas sean cada vez más escasas.

Por la tarde, lo mismo de siempre: viaje en autobús hasta la ferretería y varias horas de trabajo con Sam. En cierto modo, el ferretero le parece un poco misterioso: muy a menudo, la envidia que le inspira le hace preguntarse cómo es posible que alguien sea tan inmensamente feliz a pesar de la sociedad que los rodea. Sin embargo, tampoco le da mucha importancia a esto: en cuanto empieza a pensar sobre ello, Sam hace algún comentario de los suyos y él sonríe, olvidando por completo en qué estaba pensando. Además, le encanta ese hombre: mejor cuanto más conserve ese optimismo que desprende.

Lo cierto es que, de repente, tiene muchos motivos para sentirse feliz. Sin ir más lejos, Sam empieza a considerar la posibilidad de hacerle un pequeño aumento de sueldo, porque las condiciones del contrato propuesto para el anuncio del periódico le parecen insuficientes. Él dice que no hay prisa; con tal de tener dinero para pasar el mes, de momento tiene bastante (aunque sabe que al final su jefe se saldrá con la suya).

Cuando cierran ese día por la tarde, los dos se van con una sonrisa en la cara. En el autobús, él piensa en ahorrar: quiere comprar algunas cosas para su casa, como un ordenador y un reproductor de MP3 (o un MP4, ¿por qué no?); hace mucho que no escucha música de sus grupos favoritos, como los Beatles, los Rolling Stones o los Ramones. Además, no estaría de más que aprendiese a manejarse con un ordenador.

Después de un aburrido y rutinario viaje en autobús, llega por fin a casa. Sube las escaleras, abre la puerta, se bebe media botella de leche de un solo sorbo y va al baño a orinar. Después de lavarse las manos va al dormitorio, donde abre el armario y empieza a rebuscar entre su escaso vestuario para ver qué puede ponerse para la cita de esa noche…

Continuará...

lunes, febrero 18, 2008

Sesión de lectura con Rosa Ribas, 18/2/2008


De acuerdo a lo que me dijo Rosa esta mañana de lunes cuando la vi por primera vez en mi colegio, siempre llueve cuando ella visita una ciudad. Valencia no ha sido una excepción y el cielo se ha cubierto con una densa capa de oscuros nubarrones que nos han acompañado durante todo el día.

Después de un par de breves encuentros durante los recreos, conseguí estar con Rosa antes de la hora de comer (aproveché para hacerle una entrevista para la revista del colegio por petición de un profesor) y pude charlar con ella durante un rato que, personalmente, se me hizo muy corto (tal vez por la ilusión de que esta era la primera "kedada" que hacía con alguien de El Recreo, por muy íntima que fuese). Después de la entrevista he hablado con Rosa de "Café para dos" entre otras cosas; espero terminar de corregirlo pronto, pues estoy muy interesado en su visión crítica del libro.

Rosa me trajo de la presentación de Barcelona un ejemplar de "Tiempo de recreo" firmado por muchos de los autores, todos ellos conocidos del foro. Muchas gracias a todos por la firma, es un gesto muy bonito que me ha gustado muchísimo.

A las 20:00 empezó la lectura en el aula de música. El ambiente fue muy íntimo y recogido -cosa que me hizo sentir un poco mal, porque de la ilusión que llevaba todo el día me había esperado que fuese más gente- pero, a la hora de la verdad, creo que esto fue incluso más satisfactorio que si el público hubiese abarrotado la sala, porque amenizó mucho la reunión.
Rosa, junto con su marido y otro colaborador, leyeron tres fragmentos de "Entre dos aguas" (del cual compré un ejemplar que ya reposa en mi escritorio, al lado de mi cama, justo debajo de "Tiempo de recreo") tanto en español como en alemán. Rosa estuvo fantástica: demostró muchísima soltura en ambos idiomas y una eufonía muy agradable en su oratoria, lo que invitaba a escucharla (convirtiendo el evento en una experiencia mucho más agradable que aquella sesión de lectura con Daniel Kehlmann). La sesión se prolongó durante dos horas y, después de que me firmase los ejemplares de los libros y me hiciese con ella un par de fotos, me despedí inmensamente agradecido por el rato que pudimos compartir y por la grata experiencia de conocer a una autora prometedora con una carrera literaria de bases ya asentadas y muy simpática en persona (cuando lea esto espero al menos conseguir arrancarle una sonrisa).

Muchas gracias por este lunes, Rosa, de todo corazón: sin duda ha sido el lunes gris y lluvioso que más me ha gustado de los muchos que he vivido.

(Antes de despedirme, me gustaría decir que mañana publicaré la parte de este mes de "Historias de un hombre")

Por último, quiero también mencionar brevemente mis últimas lecturas: terminé "La fuente de la edad" de Luis Mateo Díez ayer, empecé hoy de madrugada "El niño con el pijama de rayas" de John Boyne, lo terminé esta tarde y ya he empezado a leer "Tiempo de recreo"; creo que nunca he devorado libros con tanta rapidez, pero me he empapado bien con ellos.

Saludos a todos y un abrazo para Rosa.

lunes, febrero 11, 2008

Pequeño apunte

Hola.

Saludo brevemente porque tengo que dormir: esta semana estoy haciendo el Abitur o selectivo alemán y estoy muy tiquisimiquis con las horas de sueño y demás.

Hago esta escueta incursión para decir únicamente que publicaré la parte de "Historias de un hombre" de este mes la semana que viene, cuando me haya quitado los exámenes de encima.

Gracias por vuestra paciencia y comprensión.
Saludos.

jueves, febrero 07, 2008

"El psicoanalista" de John Katzenbach


Buenas a todos.

Después de un tiempo sin hablar sobre mis últimas lecturas, os voy a comentar las últimas actualizaciones de mi lista. De "Corazones de la Atlántida" me gustaría decir simplemente que me ha gustado mucho y que, para ser el primer libro de King que me leo me he llevado una muy buena impresión. Tengo ganas de coger alguno de sus clásicos como "Cujo".
Sin embargo, con el que quiero centrarme de verdad es con "El psicoanalista".

Para los que no lo sepan, empecé a leerme este libro hace mucho tiempo en el ordenador. Me gustaba muchísimo y lo leía al mismo tiempo que otros dos libros... Pero, lamentablemente, tuve que formatear el ordenador cuando sólo me había leído la mitad y no lo volví a descargar, así que ahí me quedé. Esta vez me lo compré por Reyes y, una vez lo empecé, lo leí del tirón.
El estilo de John Katzenbach es muy atractivo pero a la vez muy cargado: dan ganas de leerlo, aunque a veces te da la impresión de que no hacía falta hacer tal o cual descripción o comentario. Por suerte, se trata de una prosa que, aunque muy ornamentada, no cansa; ahí es donde reside el mayor encanto del libro.

Por otra parte, no hay que olvidar la trama. Es muy buena e interesante, además de increíblemente adictiva. El típico libro que, después de hojear las primeras 10 páginas, te hace sentir la obligación de adquirirlo y fumártelo de golpe. Genial.

Os lo recomiendo a todo el mundo.
Saludos.